Solchaga: "La Argentina debe vencer la tentación de aislarse"
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Carlos Solchaga: Hay una parte que es positiva. Están creciendo bastante; el año 2006 será el tercero en esa tendencia. Además, lo hacen con cuentas públicas mejores que las que caracterizaron los 10 años anteriores. Con niveles menores de vulnerabilidad porque el peso de la deuda pública sobre el PBI es menor. Los tipos de cambio flotantes aseguran más capacidad de absorción de shocks externos.
P.: ¿No ve ningún problema?
C.S.: Sí, lo veo. El más grave es la debilidad institucional. Tanto jurídica como administrativa, es decir, las regulaciones. Eso da que desear.
P.: El mejoramiento de la situación fiscal parece aconsejarles a algunos gobiernos grados de aislamiento propios de la mentalidad de los años '70 u '80, ¿no le parece?
C.S.: Es posible que se tenga esa tentación y se pueda vivir en ese aislamiento durante un tiempo. Pero el error consiste en el intento de vivir sin los principios que son útiles. No se trata sólo de parecer que uno es amigo del mercado cuando uno necesita del dinero exterior y de no parecerlo cuando no lo necesita.
Porque los primeros interesados son los agentes económicos nacionales. Esa tentación es evidente en el caso de Chávez. Una economía que, en términos de inserción internacional, se asemeja a un monocultivo, lleva a pensar que se pueden despreciar los bolsillos de los demás porque no los vamos a necesitar. Afortunadamente, esa visión no se da en el resto de la región, aunque exista la tentación, siempre acompañada de un refuerzo populista. Pero es cierto que la comprensión de las ventajas de la inserción en la economía global o de la apertura de la economía es menos clara que hace 10 años. Sería bueno que esto se corrigiera en poco tiempo y se rechazaran los atajos populistas. Es cierto que ha habido experiencias frustrantes y que la gente no es tan sabia para discernir si se debe a la instrumentación o al concepto que presidía estas experiencias.
C.S.: Sí, pero tampoco están para tirar cohetes. Tampoco la Argentina. Hay una situación fiscal mejor que la de hace algún tiempo, pero la insuficiencia de credibilidad sólo se corregirá con reajustes y equilibrios que hoy están sólo a mitad del camino. Sería poco aconsejable olvidarse de los de afuera.
P.: A veces uno escucha que, gracias a la complementariedad con economías tan impresionantes como la de China, países proveedores de commodities han encontrado unanueva edad de oro.
C.S.: Pensar así sería una huida hacia adelante. China puede demandar materias primas pero también pretende ser el gran workshop de la economía global, en contradicción con todas nuestras industrias. Por lo tanto, el optimismo ante este mercado no debería hacer perder el buen sentido.
P.: ¿Qué consecuencias inmediatas advierte usted en el déficit de los Estados Unidos?
C.S.: El desequilibrio de la balanza de pagos norteamericana es uno de los grandes desequilibrios globales. Para ese lento ajuste que requiere reponer el desequilibrio se necesita una sostenida confianza en el dólar.Y eso no sabemos hasta cuándo va a durar. Para América latina, el riesgo es una subida brusca de los tipos de interés. Ben Bernanke significa continuidad, y eso quiere decir que los tipos de interés se detendrán entre 4,5% y 5% anual. Si se verifica esa suba gradual, la capacidad de los países latinoamericanos para acomodarse será suficiente.
P.: Usted ha tenido posiciones bastante audaces, tratándose de un europeo, respecto del comercio internacional, en especial, de los subsidios agrícolas. ¿Qué expectativa tiene sobre la reunión de la OMC de diciembre,en Hong Kong?
C.S.: Quiero creer que lo que no se ha hecho en 8 años, en contra de lo que dice la gente, sí se puede hacer en un mes. Y creo que todavía tenemos una oportunidad de llegar a algún acuerdo que permita un mayor acceso de los bienes alimenticios a los mercados de los países industrializados. Debe ponerse en marcha, por lo menos, un desarme gradual de la política agrícola común europea. Esa política no es justa ni viable ni va a sobrevivir. Si ahora, en diciembre, no saliera nada, se puede pensar que el peso que tendrán China, India, Brasil o Rusia modificará el statu quo a favor de los intereses de todos. Los primeros que pagamos los disparates de la política agrícola somos los europeos. Hay una salida que es razonable y es la que está focalizando el gobierno español: se trata de mantener el apoyo a la vida rural pero no ligado a la producción. Se puede pagar una renta por vivir en el campo pero sacando los campos de la producción y, por lo tanto, abriendo el mercado para que se puedan importar productos a menor costo.
P.: Usted es socialista. ¿Cuál es la diferencia entre una visión moderna de la izquierda económica y otra populista?
C.S.: La primera es el respeto a lo que representa el mercado. La segunda, que la única forma de resolver los problemas que el mercado es incapaz de resolver consiste en pedir más al que tiene más y no al que tiene menos. Es decir, en una política tributaria moderna y no en intervenciones estatales irracionales sobre el mercado.




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