23 de septiembre 2018 - 21:58

Todo el mundo nos vio caminar junto al FMI

Todo el mundo nos vio caminar junto al FMI
La macroeconomía sigue con enormes problemas: el Gobierno no ha hecho reformas de fondo y hasta el momento solo ha tomado medidas para salir de la urgencia. Pero más allá de las declaraciones, es importante ver qué indican los mercados financieros, en especial el de bonos, porque es ahí donde los participantes institucionales se manifiestan, a través de sus compras y ventas. Seguir la evolución del Bonar24 en dólares es otro modo de mirar el riesgo país. Y este bono viene apuntando hacia arriba hace ya tres semanas.

El lunes pasado, mientras el dólar arañaba los $40, bonos y acciones de Argentina se recuperaban notablemente. ¿Tiene sentido, entonces, comprar activos de nuestro país? Muy probablemente. La economía está mal, sí, pero el juego financiero se adelanta en el tiempo, y en determinados momentos deja de escuchar las malas noticias para empezar a apostar a la suba. Eso es lo que parece estar sucediendo ahora.

El intervencionismo fue utilizado por los Estados Unidos para salir de la crisis 2008 y también en Europa, que a través del Banco Central Europeo, ha comprado bonos de Italia y Grecia. Aun cuando sea discutible el sentido económico de hacer esto, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo han actuado como un prestamista de última instancia a nivel internacional.

Hoy a la Argentina quizás le propongan algo parecido, con un bono a diez años colocado en Estados Unidos o con inversores estadounidenses, que permitan al Gobierno obtener financiamiento y continuar su camino.

Así, volvería a recuperar probabilidad la reelección de Mauricio Macri, y eso es lo más relevante a analizar en los últimos días. Una posible reelección justificaría la subida de los activos argentinos, porque los participantes internacionales toman posición: compran porque consideran que el Presidente reencausará la economía con el apoyo del FMI y del Tesoro americano, y porque el miedo al populismo es muy grande. No queda necesariamente claro que Macri pueda ser exitoso en esta tarea, pero parece que los organismos internacionales han decidido apostar por él.

Prestarle a la Argentina once veces lo que le correspondía por su cuota de aporte fue una señal muy fuerte del FMI. Señal que solo puede darse si Estados Unidos, principal accionista, respalda. Y cuando estas entidades toman esas decisiones no se quedan a mitad de camino. Si los u$s 50.000 M que ofrecieron en su momento no alcanzaron para convencer al mercado, ahora propondrán algo abrumadoramente superior para despejar toda duda, apoyado por un Tesoro de Estados Unidos dispuesto a prestar más. Aunque lo más probable es que no necesiten desembolsar un solo dólar.

Una anécdota de los años 30 cuenta que un banquero al borde de la quiebra pidió ayuda a JP Morgan. Morgan lo invitó a caminar por la plaza principal de la ciudad y durante una hora conversó con él sobre trivialidades, su familia, sus vacaciones. Cuando, al final del paseo, el banquero le relata con angustia su apremio financiero y le pide el préstamo, JP Morgan le responde: "¿Para qué quiere mi dinero? Ya no lo necesita. Toda la ciudad nos ha visto conversar durante largo rato". Contaba con su respaldo, aún sin haber recibido un centavo.

El FMI quiere que esta operación sea exitosa. Necesita que a la Argentina le vaya bien porque quizás en esta jugada pierda su misma razón de existir. El organismo está muy cuestionado en el mundo entero: si no tuvo éxito con Grecia y ahora no lo tiene en Argentina, crujirá en sus cimientos.

(*) Ceo de Carta Financiera

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