Carlos Bettini, embajador argentino en España, fue convocado a Buenos Aires en un clima tenso de las relaciones por la demora en la renegociación de los contratos de servicios privatizados a capitales de ese país.
Más de uno imaginará que la citación al embajador argentino en España, Carlos Bettini, para que comparezca en Buenos Aires está relacionada con la posibilidad de que lo designen canciller, en lugar de Rafael Bielsa. Parece una impresión demasiado favorable para Bettini -quien jura sentirse cómodo en Madrid- y poco realista con otra relación, la de la Argentina con España. Es que la cuestión de las tarifas parece haber complicado a las partes.
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Por Buenos Aires, hace pocos días, pasó José Blanco, secretario de Organización del Partido Socialista en el poder español. Se entrevistó con distintas personas y dejó un mensaje sencillo y crudo: no tiene sentido prepararse para la visita de Néstor Kirchner a Madrid, en marzo, si antes no se actualizan las tarifas. Además, de un modo u otro, habló de presuntos compromisos -se habla de una reunión entre el embajador Carmelo Angulo Barturen y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández- en la cual el gobierno argentino había transmitido su intención de ajustar las tarifas una vez concluidas las elecciones, que ayer cumplieron un mes desde su realización.
Al paso de Blanco, hay que añadir ahora presión por parte de Carlos Solchaga, ex ministro de Felipe González -un confidente de Bettini y viceversa-, justo cuando los números de la inflación no son precisamente benignos para la economía argentina. A cada rato, ante cualquier situación, Roberto Lavagna plantea la inquietud de que nuevas medidas podrían ser inflacionarias. En ese marco, hay que observar la visita de Solchaga, la comparencia de Bettini y la complicación entre los dos países, por más que el enviado socialista afirme que el jefe de Estado, José Luis Rodríguez Zapatero, no intervendrá a favor de los reclamos de las empresas de su país.
Pero Solchaga, aparte del reportaje que brindó a este diario, ha puntualizado que la Argentina debe arreglar las tarifas y el crédito, del mismo modo que salió de la crisis y resolvió gran parte de su deuda. Para él, Néstor Kirchner no puede mirar sólo una parte de la biblioteca. Esa recomendación, puede asegurarse, cayó mal en la Casa Rosada, lo mismo que las declaraciones del socialista Blanco. Aunque no desean más ruido externo-luego de la experiencia poco beneficiosa de la cumbre marplatense y la visita a Venezuela-, la citación a Bettini indica que ninguno de esos juicios pasó por alto ni quedará en el vacío.
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