4 de noviembre 2002 - 00:00

Ultimo intento de Lavagna para acordar con el FMI

El gobierno quedó al borde del default con organismos internacionales al fracasar las conversaciones la semana última con el Fondo Monetario. Lavagna no cedió frente a los varios pedidos de Anne Krueger para firmar con la Argentina (ajuste fiscal, eliminar control de cambios, suba de tarifas y consenso político). Esta semana sólo están previstos contactos telefónicos y desde el equipo económico aseguran que únicamente el fallo de la Corte Suprema poniendo fin a los amparos podría acercar al país a un acuerdo. Para el gobierno de Duhalde la negociación prácticamente ya no tiene importancia, a cuatro meses de las elecciones. El dólar está bajo control y no sufriría mayor impacto frente al eventual default de la Argentina con el Banco Mundial el jueves 14 próximo, cuando no se giren u$s 800 millones de un vencimiento. Además, la economía muestra leve recuperación y las reservas están creciendo. Para el gobierno es mejor irse con estas señales que pagar el costo de un nuevo ajuste. Inclusive en Economía están empezando a estudiar medidas para adoptar en caso de que ello se confirme. Por un lado, el Fondo ahora no quiere financiar a provincias para que no emitan más cuasimonedas (eran entre u$s 1.000 y 1.500 millones). Por el otro, Lavagna anunció rebaja del IVA cuando se le solicitaba en Washington más ajuste fiscal. Desaparecieron prácticamente así en 48 horas de diálogo los escasos avances que se habían realizado en los 10 meses de contactos del gobierno de Duhalde con el FMI. Es riesgoso y otra pesada carga que heredará quien lo suceda.

Ultimo intento de Lavagna para acordar con el FMI























Anoche, dentro del equipo económico tenían pocas esperanzas de evitar el 14 de noviembre próximo el default del país con el Banco Mundial. La misma impresión existe en Washington: «Ese pago no es problema nuestro. Es un problema de la Argentina con el Banco Mundial», le dijo la N° 2 del FMI, Anne Krueger, a Roberto Lavagna en el último contacto que mantuvieron en la capital norteamericana, reflejando la escasa importancia que le asignaban al primer default del país con un organismo internacional.

A tal punto llegó la desesperanza en los funcionarios del Ministerio de Economía que incluso comenzaron a estudiar medidas y discursos para adoptar en el caso de que fracasen los últimos contactos que se están manteniendo con el Fondo Monetario. Repitiendo lo sucedido meses atrás, para Economía la Corte Suprema tiene en sus manos buena parte de la negociación: «Si la Corte pone claridad en el tema de los amparos (el gobierno presentó un pedido de per saltum), saldría el acuerdo», dijo anoche a este diario un estrecho colaborador de Lavagna.

Concretamente, esta semana seguirán los contactos telefónicos con Singh, Krueger y O'Neill. Para el FMI sigue habiendo «muchas áreas en las que resta ponerse de acuerdo para un programa sustentable». El secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, tiene previsto viajar a Alemania para retomar el contacto con los tenedores de títulos de la deuda argentina. Pero más allá de esos contactos telefónicos, no están previstos viajes a Washington o envío del FMI de una misión a Buenos Aires.

«Lamentablemente, acá querer no es poder. Queremos acordar, pero no pudimos hasta ahora», juran en Economía. El esquema de las negociaciones quedó plan-teado de la siguiente manera:

• El gobierno entregó a los equipos técnicos del FMI unos párrafos para ser incluidos en una supuesta carta de intención.
Versan sobre una medida trascendental que se denomina «netting» o «neteo». Significa que se permite cancelar a los bancos los más de 16.000 millones de pesos de deuda que tienen con el BCRA por redescuentos recibidos, con títulos de deuda argentinos. Inicialmente en el FMI hubo resistencia a esta medida, por presión de importantes entidades norteamericanas que no recibieron ayuda del Central y que quedan sin beneficiarse por este mecanismo que sanea los balances de los que sí recibieron ayuda.

• «Hay pilares de la negociación que están fuera de nuestro control, y eso nos mata»,
dicen en Economía. Apuntan a la insistencia del FMI con los amparos al «corralito» y al consenso político entre otros elementos. El temor en Washington es que con el fracaso del Canje II, es decir, el canje de depósitos reprogramados por títulos a 10 años, la situación de los bancos queda en una frágil posición. En enero deben comenzar a devolver el dinero reprogramado que originalmente eran plazos fijos en dólares, y la amenaza es que si ocurre al mismo tiempo un aumento de amparos proveídos por la Justicia, la situación del sistema financiero sería delicada. Del otro lado, en el equipo económico aportaron un dato no menos importante: «De los 270.00 amparos hay 200.000 no resueltos, lo que representa 40% de los que están habilitados a participar del Canje II. Para ingresar en el Canje II, deben renunciar a seguir con los amparos, pero muchos de los ahorristas pactaron con sus abogados que, en caso de renunciar a esas presentaciones, deben pagarles honorarios como si hubieran ganado las presentaciones judiciales. Por ello es que la posición de la Corte es clave.

• Por el aumento de tarifas, Lavagna fue duro contra Krueger: no es el rol del FMI inmiscuirse en las negociaciones que se van a hacer con las empresas.
Agravó la discusión.

• Desapareció la ayuda a provincias:
el tema que más desencajó al equipo económico y acentuó los enfrentamientos con Krueger es que cuando se comenzó a hablar del monto de la asistencia, no figuraban los u$s 1.000-1.500 millones previstos para asistir a las provincias en su encuadre fiscal. «En abril eso estaba asegurado, y ahora nos dicen que la situación es otra», aseguran en Economía.

• Acuerdo fiscal:
Roberto Lavagna había cedido frente al requerimiento del FMI de llegar a un superávit fiscal consolidado de 2,5% del PBI el año próximo. Restaba convalidar el FMI los números de recaudación y de gasto que presentó el titular de Economía para hacer creíble ese objetivo.

• Impacto del default:
pasó a un segundo plano para Krueger y hasta incluso para el Tesoro norteamericano (la relación O'Neill con Wolfensohn, titular del BM no es buena). En la reunión de Wolfensohn con Lavagna el diálogo fue muy constructivo, pero su influencia en las decisiones del FMI es menor. Ya se prevé que el Banco Mundial y luego el BID sufrirán por un eventual default una baja de su calificación (para financiar a países no sólo tienen aportes de las principales naciones del mundo, sino que emiten bonos) y deberán por ello pagar una tasa de interés mucho más alta. Para el FMI, en enero hay más de u$s 2.000 millones de vencimientos con la Argentina, es simplemente un problema de patrimonio, no emite deuda para financiarse.

• Pago del vencimiento del 14 de noviembre con reservas:
anoche lo volvió a negar un alto funcionario del Palacio de Hacienda. «No podemos usar 10% de las reservas para este pago y luego quedar expuestos a una corrida. Más con la situación incierta de Brasil», aseguró.

• Lavagna no cede con el control de cambios:
«Yo recuerdo que hace unos meses venía Mario Blejer (ex titular del BCRA) preocupado a decirnos que hace tres días no ingresaban dólares al mercado. Obligamos a exportadores a liquidar divisas en el Central y se terminó el problema. No podemos arriesgarnos tanto», dicen en el Palacio de Hacienda. «Ellos esperaban que en octubre el dólar se disparara porque no iba a haber más liquidaciones de exportadores. Volvieron a equivocarse», agregan.

• Síndrome «Washington» y síndrome «Argentina»: los dos juegan en contra del avance de las negociaciones y para que las partes no cedan en sus posiciones. El primero de ellos alude al fantasma existente entre los ministros de Economía que alude a que una falta de acuerdo con el FMI les cuesta el cargo. En la Argentina, los dos últimos ministros, Remes y Cavallo, se alejaron por una u otra razón a los pocos días de fracasar el diálogo con el FMI. Eso hoy está lejos de afectar a Lavagna, más firme en el cargo. Simultáneamente, en el FMI está el fantasma del fracaso en una solución a la crisis argentina. Los principales funcionarios del FMI que aprobaron los u$s 8.000 millones a Cavallo y Marx en agosto de 2001 creyendo en el déficit cero fueron relevados o puestos en funciones siberianas. En esa lista están Claudio Loser, Miguel Bonangelino, Tomas Reichmann, entre otros (Teresa Ter Minassian había emigrado previamente). En el FMI nadie quiere firmar con la Argentina y que luego se le arruine su carrera profesional.

John Taylor, sería proclive a esta intervención que, pese a las versiones circulantes, aún no se ha dado.

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