18 de diciembre 2002 - 00:00

Una nueva visita a la riqueza de las naciones

La calidad del sistema educativo de un país es claramente una parte significativa de la infraestructura institucional. Las políticas que fomentan los recursos humanos de un país mejoran las tasas de crecimiento. Muchos estudios exhiben una relación entre educación y crecimiento, y algunos demuestran que incluso un pequeño aumento en la educación promedio puede llevar a una aumento sostenido en el índice de expansión económica.

Finalmente, un factor determinante innegable del crecimiento económico es la estabilidad macroeconómica; es decir, tener políticas fiscales, monetarias y de cambio sólidas y predecibles. Un gobierno prudente establece, entre otras cosas, el curso a largo plazo de variables como la inflación, el déficit presupuestario del gobierno y deuda a niveles conducentes hacia, o al menos que no impidan, el crecimiento. Para los países en desarrollo, el manejo de la deuda denominada en moneda extranjera ha sido especialmente fastidioso.

En todas las economías, el electorado político busca emplear los poderes del Estado para incrementar su porción de los recursos nacionales limitados. Mientras los antecedentes de las economías desarrolladas están lejos de ser intachables, han tenido mucho éxito en rechazar dichas demandas. Un indicio de ese éxito es que los regímenes de tipo de cambio no han sido a menudo implementados por presiones políticas locales en estas economías.

• Presiones

A pesar de que el rango de resultados ha sido amplio, muchas naciones emergentes han tenido poco éxito en aislarse de sus posiciones financieras internacionales por las presiones políticas locales. Esas presiones, a veces, se han vuelto excepcionalmente difíciles de tratar. Para cerrar la brecha entre las demandas financieras del electorado político y los recursos reales limitados disponibles para sus gobiernos, muchos países han zanjado la diferencia pidiendo prestado a inversores extranjeros. En efecto, el camino de menor resistencia ha sido pedir prestado al extranjero, usualmente a las más bajas tasas de interés de las monedas que operan internacionalmente, en lugar de confrontar las dificultades políticas.

Periódicamente, mientras una economía pide prestado en su camino al borde de la insolvencia con una deuda denominada en moneda extranjera, la capacidad del gobierno de sostener esa deuda desaparece virtualmente de un día para el otro. Esta capacidad que desaparece caracteriza casi todas las crisis financieras. Las instituciones prestamistas proveerán fondos más allá del flujo de dinero inmediato y visible en el corto plazo del prestatario sólo si perciben que el vencimiento de la deuda será refinanciado.

El primer soplo de dificultad en la capacidad de sostener una deuda induce una corrida, no diferente a una corrida bancaria. Por ello, una condición necesaria de una economía para la solvencia, de hecho una condición necesaria para el crecimiento económico, es el mantenimiento de una significativa capacidad financiera aún no utilizada. Demasiado seguido los gobiernos se han empeñado en contener crisis de deuda latentes con políticas inflacionarias que inhiben el crecimiento.

Controlar la inflación es esencial para crear un ambiente de crecimiento sostenido. Una vez que la inflación alcanza cierto punto tiene un efecto negativo en el crecimiento, de acuerdo con una investigación reciente. Stanley Fischer, por ejemplo, concluyó que si un país con una inflación de 10% se convierte en un país con una inflación de 110%, su índice de crecimiento anual caería 4%; las consecuencias de esto para la calidad de vida no pueden ser muy enfatizadas. Este efecto puede ayudar a explicar por qué Asia Oriental, donde la inflación ha sido relativamente baja en promedio, ha sido más exitosa que América latina, donde muchos países sufrieron la hiperinflación.

América latina es un buen ejemplo de los efectos nocivos de la inestabilidad macroeconómica y de los beneficios de implementar políticas sanas. Entre 1975 y 1990, cuando muchos países de América latina luchaban con grandes déficit presupuestarios e inflación alta, el ingreso per cápita promedio de esos países se expandió a un ritmo de sólo 0,5% por año. El desempeño económico en la región mejoró notablemente a principios de los '90, mientras estos países redujeron la inflación, liberaron sus regímenes cambiarios, aumentaron su apertura al comercio y desarrollaron sus mercados financieros. Más recientemente, mientras la Argentina, Brasil y otros países en la región han experimentado alteraciones económicas, México y Chile han permanecido relativamente resguardados, reflejando aparentemente la confianza del mercado en que estos países están comprometidos con políticas sanas.

• Caso interesante

México es particularmente un caso interesante. En las dos décadas antes de 1995, la economía mexicana sufrió algunas crisis severas. Sin embargo, en años recientes, con la implementación del NAFTA, un régimen de tipo de cambio flotante, políticas fiscales relativamente estables y una menor inflación, la vulnerabilidad de México parece haber decrecido notablemente. Este país es visto ahora por los inversores internacionales como un «paraíso seguro» dentro de la región.

Como indican Easterly y Levine, mucho de la difícil condición de Africa también se puede relacionar con la inestabilidad económica. La evidencia empírica sugiere que los grandes déficit presupuestarios del gobierno, los mercados financieros no desarrollados y las ventajas del mercado negro (que probablemente representan las deficiencias en los sistemas legal y financiero) aparentemente explican la mitad de la divergencia de crecimiento entre Asia Oriental y Africa en las últimas décadas. En otras palabras, estos resultados sugieren a Easterly y Levine que el crecimiento del ingreso anual per cápita en Africa habría sido alrededor de 2,5 puntos porcentuales más por año si los países de Africa hubieran implementado las políticas adoptadas en las economías Asia Oriental.

La independencia del Banco Central no ha recibido mucha atención en la nueva literatura sobre el crecimiento. Dada la importancia de mantener la inflación bajo control, las políticas y la libertad del Banco Central de establecer esas políticas sin intervención política pueden jugar un rol fundamental en la creación de un ambiente que conduzca al crecimiento.

La evidencia empírica para los países industrializados indica que aquellos países con un alto grado de independencia del Banco Central son también generalmente países con bajos niveles de inflación. En los mercados emergentes y en las economías de transición, la evidencia de una asociación entre una moderada independencia del Banco Central y los índices de inflación no está bien establecida, a pesar de que algunos estudios recientes encontraron una relación negativa.

Para resumir, ninguno de los hoy reconocidos factores determinantes fundamentales del crecimiento -apertura, infraestructura institucional, y estabilidad macroeconómica- son ideas recientes. Adam Smith y sus colegas los propusieron hace más de dos siglos. Aún asumiendo que las complejas ideas de Smith sobre la creación de la riqueza de las naciones son acertadas, ¿por qué han sido aceptadas y ampliamente implementadas por algunas sociedades y no por otras? Como la historia lo demuestra ampliamente, salvo que la amplia mayoría de la población implícitamente o de otra forma cree que un paradigma de libre mercado competitivo aumenta su bienestar, no puede ser impuesto sobre ellos por un gobierno autoritario o incluso por uno electo democráticamente.

Esa «mano invisible» convierte el comportamiento egoísta en una noción abstracta buena y profunda que, aceptada amplia aunque no completamente por las naciones desarrolladas, ha sido mantenida sólo tentativamente, incluso recientemente, por muchas naciones en desarrollo. Si no es vista en algún sentido como equitativa y justa, la distribución del ingreso que emerge del capitalismo del libre mercado competitivo no tendrá el apoyo de la ley que es una condición necesaria para que los mercados produzcan bienestar. Ahora que el paradigma de planificación central de décadas anteriores ha sido ampliamente descartado, las recompensas diferenciales de los mercados competitivos basadas en la habilidad parecen ser aceptadas a pesar de que las recompensas de lo que es percibido como monopólico o corrupto no lo son.

Es por lo tanto incumbencia de nosotros que vemos la globalización basada en el mercado como fundamental para la creación de riqueza, defender y apoyar la doctrina de Adam Smith.

(*) Presidente de la Reserva Federal de los EE.UU.

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