27 de diciembre 2004 - 00:00

Una política económica con fuerte ajuste fiscal

Brasilia - El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, completa la primera mitad de gobierno con un escenario económico impensado hace dos años: Producto Bruto en alza, dólar y riesgo-país en baja, inflación contenida y exportaciones récord.

«Muchos imaginaban que el Partido de los Trabajadores (PT) iba a tener problemas en la macroeconomía y buenas políticas sociales. Pero se dio al revés», dijo el economista Fabio Giambiaggi.

«La política económica es lo mejor que está funcionando», dijo Lula da Silva en un desayuno con periodistas el 23 de diciembre.

La gran figura del gobierno es el ministro de Hacienda, Antonio Palocci -elogiado una y otra vez por el presidente-, cuyo protagonismo opaca a dirigentes históricos del PT, como José Dirceu, hoy ministro de la Casa Civil (jefe de gabinete).

• Reconocimiento

«La principal transformación de estos años es el reconocimiento de parte del PT de que ciertos instrumentos de la política macroeconómica no son asuntos de izquierda o derecha», dijo el economista Christopher Garman.

Según Garman, analista de la consultora Tendencias, «los inversores comienzan a vislumbrar un escenario de menor riesgo político en Brasil, porque temas de macroeconomía ya no dividen a los partidos políticos como en el pasado».

Lejos están ya los tiempos en que el PT defendía la moratoria de la deuda externa, la anulación de las privatizaciones y un aumento sustancial del salario mínimo.

El gobierno de Lula da Silva lanzó en 2003 un severo ajuste del gasto público y este año elevó la meta de superávit primario a 4,75%, por encima inclusive de lo exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Palocci, trotskista en su juventud, define a esa «evolución» como el paso de las « tesis históricas» del partido a las «tesis de la gobernabilidad», y descarta toda posibilidad de «recetas mágicas» en la política económica.
«Hacemos un ajuste clásico: pagamos nuestras cuentas, equilibramos nuestro presupuesto, combatimos la inflación y empujamos a Brasil a crecer», explica.

Luego de un crecimiento nulo en 2003, este año el Producto Bruto Interno (PBI) crecerá al menos 5% y se crearon dos millones de empleos, mientras la balanza comercial tendrá un saldo de 30.000 millones de dólares.

Giambiaggi considera que Lula no tenía muchas opciones en enero de 2003, cuando asumió en medio de una gigantesca crisis de confianza, con el dólar a cuatro reales y el riesgo-país a 2.400 puntos. «Si hablamos de matices, podría haber formulado metas de inflación menos ambiciosas. Pero si hablamos de una política completamente diferente, hubiera sido un desastre», afirma.

La «rigidez» de la política monetaria es también criticada por el presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI),
Armando Monteiro, pero Garman considera que no había alternativa. «El PT tenía hace dos años un importante déficit de credibilidad en el mercado luego de diez años de oposición criticando todo lo que ahora prometía hacer», afirma.

Giambiaggi sugiere a futuro «un mejor foco en las políticas sociales, dando más eficiencia a los recursos, y solucionar el tema fiscal aprovechando el gran ingreso de recursos».

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