10 de octubre 2008 - 00:00

Valiosa versión de ópera de Gluck

«Castor y Pollux». Tragedia lírica de J. Ph. Rameau (versión de concierto). Dir. : M. Birman. Coro y Orquesta de la Compañía de las luces. ( Museo de Arte Decorativo. Próximas funciones: 11 y 12/10.

La Compañía de las Luces, que dirige Marcelo Birman, está presentando la tragedia lírica de Jean-Philipe Rameau, «Castor y Pollux» en el muy atractivo marco de la sala principal del Museo de Arte Decorativo. La compañía está integrada por un coro, una orquesta con instrumentos de época y un grupo de solistas especializados en la música barroca. Son alrededor de cincuenta personas, que más allá del entusiasmo juvenil de muchos coreutas e instrumentistas que comienzan una carrera musical con la Compañía de las Luces, conforman un equipo sólido y de buen nivel.

Birman y su grupo debutaron en 1999 con la puesta de «Orfeo y Eurídice» de Gluck, y desde entonces siguieron recuperando títulos y autores alejados injustamente de los escenarios oficiales y de la ópera privada del país, aunque últimamente esto se revirtió de alguna manera en cuanto a la creatividad lírica barroca.

En «Castor y Pollux» se aúnan de manera contundente la poesía del libreto de Pierre-Joseph Justin Bernard para las voces del coro y de los cantantes solistas, con la bella música de Rameau, que además de responder en plena forma a las costumbres teatrales de la época de composición (1754), el autor da muestras de su capacidad dramática para elaborar una obra que ya exhibe los rasgos distintivos de la gran ópera que vendrá a ocupar el escenario de Francia un siglo después.

La orquesta se muestra eficaz en los momentos puramente instrumentales y acompaña de manera excelente. El coro canta con una disciplina y tersura realmente admirables. Todos responden a las órdenes precisas y conocedoras del estilo de Marcelo Birman, y los solistas se destacan particularmente.

Pablo Pollitzer (Castor) y Sergio Carlevaris (Pollux) son esforzados protagonistas con condiciones intachables. Carlos Ullán, en Mercurio y un atleta tiene la voz y el estilo ideales para esta ópera barroca que, además de refinamiento, exige potencia y dramaticidad. En otros roles se lucen Ana Moraitis, Marisú Pavón, Clodomiro Forn y Puig, entre otros cantantes de mérito.

Ezequiel Barrera, ex bailarín del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y buen coreógrafo, realizó una puesta en espacio que aligera las acciones de la obra con una estética, que si bien de gran economía de recursos, es siempre bella y ágil. Colaboró con él Bea Odoriz en el asesoramiento actoral. Magníficas las luces de Alejandro Le Roux, y la escenografía natural de las paredes, arañas y ventanales del Museo resultan de una funcionalidad realmente elogiables por su elección. Un espectáculo para no perder.

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