23 de junio 2014 - 00:00

Wall Street, en récord por el huracán Janet

A la carga, de nuevo. Pero esta vez con la confianza que da portar el estandarte de la Fed. Si los récords de Wall Street llevasen nombre, hubiera sido la semana del ciclón Janet. Desde que comenzó el mercado bull, en marzo de 2009, el índice S&P 500 trepó ya el 190%, y a ratos se fatiga o cavila. Esquiva, con tacto, la euforia. Pero la reunión de la Fed enterró dudas y le señaló, una vez más, que en la ruta del ascenso a las alturas carece de enemigos. Si los riesgos geopolíticos no interesan, claro. Ya se probó con Ucrania. Y ahora Medio Oriente se incendia, y nada.

¿Qué dijo Janet Yellen, la capitoste de la Fed? En síntesis: que no habrá cambios de planes, ni por el repunte que registra la inflación ni por la merma acelerada de la tasa de desempleo. Y que las tasas de interés se conservarán a ras del suelo por "tiempo considerable". Yellen ratificó que nada cambiará pronto, ¿cómo fue que se produjo el huracán? La Fed, per se, apenas sopló una brisa. La presión que causó el ventarrón provino de las expectativas. Con una segunda lectura mensual robusta de la inflación minorista (el mayor incremento mes a mes en cuatro años), resultados sólidos en las encuestas regionales de actividad y el buen desempeño del mercado laboral, el contexto en el que opera el banco central no es el mismo de poco tiempo atrás. Para peor, el Banco de Inglaterra, la semana previa, prendió una luz de alarma. Su titular, Mark Carney, deslizó la posibilidad de que la suba de tasas arranque mucho antes que lo estimado. Quizás el aperitivo Carney fuera un anticipo global. El primero de los banqueros centrales que lo reconoce, pero no el único que medita la conveniencia de imprimir un viraje a la política monetaria.

Las condiciones económicas mudaron de cuadrante. Sonó la alerta Carney. Y así las expectativas sobre la Fed se tornaron más agresivas ("hawkish"). Lo que hizo Yellen, tajante, fue aplacarlas y devolverlas al redil. En la conferencia de prensa posterior a la reunión, interrogada al detalle, no le escapó al bulto. Relativizó la inflación -los datos son "ruidosos", dijo- y remarcó la importancia de contar con expectativas inflacionarias que se preservan imperturbables. La Fed no va a sobrerreaccionar ante las lecturas mensuales de precios, así como no respondió tampoco a la prolongada fase previa de desinflación. De la tesis Bernanke/Dudley (que lejos está de ser un planteo formal de la institución), Yellen no dijo nada. Pero las proyecciones de la tasa de fed funds para el largo plazo sufrieron un recorte: la mediana bajó del 4% al 3,75%, y ello alimenta la convicción de que la Fed apunta hacia un escenario -como lo llama Bill Gross- de "nueva neutral". La suba de tasas, que no hay apuro por gatillar, no levantará vuelo hacia las alturas de antaño, sino a una colina sensiblemente más baja que no incita al vértigo.

Se le preguntó también a Yellen si no observaba signos de efervescencia. Y no. La Fed, usando métricas diversas, no encuentra en la valuación actual de los activos de riesgo un perfil ajeno a los patrones históricos normales. Es una respuesta conocida por repetida, pero plena de contenido informativo.

Para estos ratios precio/ganancias futuras del S&P500, en diciembre de 1996, Alan Greenspan acuñó su memorable frase sobre la "exuberancia irracional", un llamado de atención que, como se sabe, no resultó tan desatinado como notablemente prematuro. Eso sí, no todo es color de rosa: los bajos retornos de los bonos de "alto rendimiento" están en el radar de la Fed.

Yellen no es palabra santa. Ni concede bendiciones papales. Pero nadie lo hace sobre estas cuestiones prosaicas; su voz es lo más parecido que se puede pedir. Una política monetaria generosa, que promete perseverar así, por lo menos, lo que resta del año, y el visto bueno al presente de Wall Street (o sea, la constancia de que no hay queja bajo el poncho de la Fed) son señales más que suficientes para alentar un ventarrón alcista. Quiéralo o no, Yellen estrenó un nuevo "forward guidance", iluminó una faceta no habitual de la estrategia de comunicación. El "market guidance" es muy claro: piedra libre para todos (salvo los bonos corporativos basura). Que el oro haya resucitado pujante es buena muestra del efecto "levanta muertos".

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