Periodista: ¿La recesión golpea a la puerta de los EE.UU.? Es la segunda caída consecutiva del ISM manufacturero. ¿Nos alcanzó la factura de la guerra comercial? ¿O, como dice Trump, es culpa de la Fed y de una política monetaria que no previno un dólar fuerte?
Diálogos de Wall Street
¿Bache temporario o recesión y fin de ciclo? Es la pregunta a responder por Gordon Gekko.
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Gordon Gekko: En el peor de los casos, es un aviso de recesión en la industria. El retroceso profundo de las nuevas órdenes de exportación industrial nos habla del búmeran de la guerra de comercio. Lo que EE.UU. no le compra a China lo adquiere en otros países de Asia. En el primer semestre, las ventas chinas en EE.UU. cayeron 12% interanual mientras las ventas de Vietnam treparon el 33%. El problema es que las industrias estadounidenses no encontraron una vía similar para descargar la producción que no compra China.
P.: Es la peor lectura de producción manufacturera desde 2009.
G.G.: No estamos ganando la guerra. Y tampoco China. O el mundo, que se debilita. Una vez más, parecería que sí triunfa Vietman.
P.: ¿La tregua de comercio, no arriba demasiado tarde como para evitar una contracción?
G.G.: Cuanto antes el cese de hostilidades, mejor. Mi impresión es que estamos a tiempo, sino de evitar la recesión en la industria (un resultado probable pero no inexorable, que aquí le concedimos hace tiempo), para que la economía en su conjunto esquive el fin de ciclo.
P.: Mucho dependerá de la Casa Blanca que, a su vez, vuelca la culpa en la Fed…
G.G.: Trump tiene la llave. Si boicotea las negociaciones de comercio con China, que deben retomarse el jueves de la semana próxima, será muy difícil convencer a las expectativas de que no vamos derecho a una recesión.
P.: Es lo que afirman los bonos, y la curva de rendimiento, hace bastante tiempo.
G.G.: Y lo que la Bolsa está dispuesta a discutir. Estamos todavía a tiro de los récords.
P.: No es una caída a plomo pero, paso a paso, la economía se va desinflando y lo que antes –meses atrás– lucía inexpugnable muestra más y más fisuras.
G.G.: No pase por alto que la política económica no tiene las manos atadas. El error más común de la Fed, por caso, siempre fue el de persistir con decisiones a contramano hasta que la realidad se encargó de avisparla cuando ya era muy tarde. El banco central dejó de subir las tasas en diciembre y, desde julio, ya practicó dos rebajas.
P.: No hay dos sin tres. ¿El tercer recorte de un cuarto de punto, a fin de mes?
G.G.: Antes de la difusión del ISM manufacturero no era el escenario más probable. Después de un informe tan desalentador, las chances de una tercera rebaja pasaron del 40% al 60%.
P.: Sabemos que la Fed está muy dividida con respecto a sus próximos pasos. ¿Les bastará con una mala lectura de un único indicador para revisar su postura?
G.G.: La próxima reunión es el 30. Pasará mucha agua bajo el puente, y recién después se tomará una decisión. Una golondrina no los hará cambiar de opinión. Una bandada, seguro que sí. Y unas pocas golondrinas – un salpicón de datos variopintos, pero con varios malos – también.
P.: ¿Tres o cuatro números flojos bastarán para que la Fed vuelva a bajar las tasas?
G.G.: Sí, claro, porque usted no está en el negocio de acertar pronósticos sino en el de administrar riesgos. Y no querrá correr el riesgo de caer en una recesión. Es una situación asimétrica, y está sobre aviso desde hace tiempo (y con una luz amarilla intensa que se encendió desde que la curva de rendimientos invirtió la pendiente).
P.: ¿Al final el presidente tenía razón? La Fed debió haber obrado más agresivamente.
G.G.: Trump es parte del problema, y no de la solución. Lo mejor que puede ocurrir es que se asuste con el fantasma de la recesión –en la antesala de las elecciones 2020– y que se deje de sacudir el bote.
P.: Pero tiene que ser por un período prolongado. Se tomó un recreo en materia de aranceles pero agita un proyecto de delistar a las acciones chinas que cotizan en EE.UU. No descansa.
G.G.: Usted lo ha dicho. Si no es el comercio, es Huawei. O son las inversiones de los fondos de pensión en China…y así sucesivamente.
P.: ¿Cuánto influye el salto imprevisto de las tasas de Repo –por encima del rango que procura el banco central para los fed funds– en este berenjenal? ¿No es una señal defensiva, de desconfianza sobre la marcha futura de los mercados?
G.G.: No hay una vinculación directa. No hay ningún accidente crediticio, tampoco. Ningún muerto que financiar, para decirlo con todas las letras.
P.: Y, sin embargo, la liquidez no les alcanza a los bancos. ¿Por qué? ¿De qué se están cubriendo?
G.G.: No hay una respuesta enteramente satisfactoria. Decir que Dodd Frank y Basilea III requieren más liquidez accesible es cierto, pero eso no cambió en las últimas semanas. ¿Por qué la demanda de liquidez se acrecienta justo ahora?
P.: Dice el banco suizo UBS que la baja de tasas, esta vez, no va a salvar al mercado de acciones. ¿Qué piensa?
G.G.: La debilidad real in crescendo de la economía mundial es dato, no mera conjetura. Acabamos de ver cifras flojísimas de Japón. Si hay recesión, todas las apuestas expiran sin valor. Pero el destino no está escrito en piedra. La baja de tasas puede ayudar a torcerlo. De Europa vendrá la mayor novedad, la política fiscal saltará al ruedo. No hay nada definido todavía.
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