Diálogos de Wall Street

Economía

Europa le saca ventaja a Wall Street. ¿Durará, Gekko?

Periodista: ¿Sorpresa? ¿O no tanto? Es la Bolsa versus Georgieva; 2023 no es peor que 2022. En la eurozona, la economía retomó el crecimiento en enero, después de pasar todo el segundo semestre en declive. El EuroStoxx 600 lo vio venir primero. Trepó 13% desde fines de octubre.

Gordon Gekko: El FMI vaticinaba un tercio del mundo en recesión, incluyendo al Viejo Continente. Pero ya corrigió su percepción. En Davos, su directora gerente, reconoció que la situación no es tan sombría como la pensaban a principios de año.

P.: ¿La recesión está quedando atrás, en el espejo retrovisor?

G.G.: No sabemos su paradero. Formalmente, no está registrada. No tiene papeles.

P.: ¿Ni siquiera en Europa? ¿A pesar de la invasión a Ucrania, la guerra en curso y la zozobra de la crisis de la energía?

G.G.: Fuera de los países directamente enfrentados, no. En Gran Bretaña, donde había un principio de contracción visible y a priori con mal pronóstico, la actividad repuntó hacia fin de año. Y en enero volvió a debilitarse pero con un rebote favorable de las expectativas.

P.: La recesión no está documentada. Pero nadie está fuera de la zona de peligro.

G.G.: Tal cual. Y tampoco quienes recibieron la extremaunción pueden considerarse aun como casos perdidos. La idea peregrina de que quizás no haya una recesión en la eurozona no puede ser rebatida.

P.: ¿Cómo se explica?

G.G.: China ayudó mucho en un momento clave. Su encierro -a causa de la política de tolerancia cero al covid- descomprimió el estrangulamiento de la oferta de energía, recortó los precios, y facilitó una transición sin trauma. Y el general invierno fue compasivo. A diferencia de EE.UU., el clima fue benigno en Europa y redujo las necesidades de calefacción. Con el precio del gas natural en los niveles previos a la invasión, y una montaña de subsidios y asistencia oficiales, la navegación procede sin incidentes.

P.: Sabemos que China ya cambió de política, que vuelve al ruedo sin pruritos sanitarios. ¿Cuánto durará este “veranito” en pleno invierno?

G.G.: No solo lo sabemos, sino que vemos un impacto positivo en la demanda agregada, presente y futura, desde fin de año. Es el motor más importante detrás del repunte de las expectativas.

P.: China significa más actividad pero también mayores presiones inflacionarias. ¿Vemos lo primero y no lo segundo?

G.G.: Sí. Ese es el orden. No sea ansioso. Todo a su tiempo. El barril de crudo Brent, desde su piso en diciembre, ya subió 17%. La gasolina en EE.UU., un poco más de 10%. Y no más gracias a que existen inventarios mayores que lo que uno podía esperar.

P.: EE.UU. cerró 2022 con caídas importantes de ventas minoristas y producción industrial. Europa, por el contrario, se entonó marcadamente. ¿Es por eso que la Bolsa europea le sacó tanta ventaja a Wall Street? Desde fin de octubre, 13% versus 5%, el S&P 500. ¿Puede mantenerse esa brecha si la energía se encarece?

G.G.: Es un buen motivo, pero no la razón principal. Los mercados reaccionaron a los mejores números de inflación (y después, a la decisión de los bancos centrales de rebajar el calibre de su munición, de tres cuartos de punto a medio punto, a mitad de diciembre). Es difícil pensar en una señal más favorable que el cambio de tendencia del dólar en el mundo. Empujó a una mayor toma de riesgos, y a salir de EE.UU. hacia Europa, Asia y los mercados emergentes. Hubiera funcionado igual, más allá de los indicadores regionales. Que en un contexto de recuperación la Fed no quiera una fiesta en Wall Street para no perturbar la lucha contra la inflación acentuó el desplazamiento.

P.: ¿Cree que durará? La Fed se apresta a subir la tasa un cuarto de punto en febrero. El BCE las elevará a razón de medio punto tanto en febrero como en marzo. ¿Será un imán para atraer capitales?

G.G.: Esa es la película en cartelera. Pasamos como un rayo de un euro por debajo de la paridad con el dólar a otro que merodea 1,09. ¿Qué puede alterar la función? Son dos procesos inflacionarios distintos. La Fed se sacó la piedra del zapato. El BCE, en cambio, tiene que domar todavía a la inflación de servicios. El último número fue malo. Si los precios de la energía vuelven a trepar se va a poner más resbaloso. Como las acciones europeas son más baratas se dispone de un colchón para amortiguar decepciones, pero si el BCE no da con la tecla, en tiempo y costo razonables, arruinará el guion.

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