“¿Es el cielo más dulce que Blue Jean?”, preguntaba la canción de Bowie, aludiendo a una rubiecita de nariz respingada. “Blue Jean”, la película, sigue las andanzas de una joven así de dulce, rubia de pelo corto, que viste con colores suaves y es una amable profesora de gimnasia en un colegio de chicas en Newcastle. Las suyas son andanzas muy discretas. Ella se suelta recién a la noche, en un pub lésbico donde reina una alegre complicidad. Ahí está su novia, un tanto hombruna, de cabello casi rapado. Corre 1988 y fuera de ese lugar la gente no es, lo que se dice, demasiado abierta.
“Blue Jean”: cuando Inglaterra perseguía a los LGBTI
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Cabe recordarlo: en 1533 Enrique VIII alentó el uso de la horca y otras penas para los homosexuales, esto se aprobó como ley en 1563, recién en 1836 dejaron de ahorcar gente, y recién en 1967 hubo una despenalización parcial. “Aquello” seguía siendo un delito. La historia que ahora vemos transcurre en 1988. Nadie iba preso, pero podía perder el empleo, amén de sufrir el repudio de sus vecinos. Para peor, el Parlamento lanzó una enmienda que, entre otras cosas, prohíbía desarrollar una actitud tolerante “en cualquier escuela subvencionada”. En ese clima de restricciones, desconfianza y miedo, la chica no piensa salir del armario aunque la novia le baje línea con frases de orgullo que parecen actuales. La estabilidad cruje cuando, encima, una alumna nueva, de 15 años, se aparece en el pub, pelea con sus compañeras y espera de su profesora un respaldo que la otra no se anima a dar.
Por ahí va la intriga de esta película, afectada por algunos clisés, dos tomas cenitales, una breve escena onírica y ciertas resoluciones dramáticas, pero beneficiada por el encanto y la suave expresividad de su protagonista Rosy McEwen, actriz que conviene tener en cuenta. Directora, Georgia Oakley, debutante de buena mano. Música, a veces inquietante, Chris Roe. Postdata: la película no lo dice, pero la antedicha enmienda, llamada Cláusula 28, se anuló recién a fines de 2003. Ese mismo año se prohibió la discriminación laboral por motivos de elección sexual, y al año siguiente se autorizó el matrimonio entre personas del mismo sexo.




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