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Cristina invocó a Kirchner para alimentar idea de su reelección
Cristina de Kirchner reunió ayer al pleno del peronismo en Olivos. Menciones a Perón y el Che. Transversalidad y juventud.
De emblemático luto, única oradora ante el cacicazgo mayor del PJ, Cristina de Kirchner volvió ayer a quebrarse con el recuerdo de su esposo muerto y, en esa ceremonia, aportó otro indicio a la hipótesis de que es irreversible la decisión de buscar su segundo mandato.
«Él se merece que hagamos un esfuerzo», dijo. La rodeaban, en Olivos, los gobernadores del PJ alineados con la Casa Rosada -menos Juan Schiaretti, que la esperaba en Córdoba- y el staff cupular partidario que amontona sindicalistas, legisladores, intendentes y piqueteros.
Fue durante el tramo final de su discurso frente a la cúpula del PJ, la primera cumbre desde la muerte del patagónico y el desembarco «sin papeles» de la Presidente en el comando del partido.
«Si estaría acá nos diría que sigamos con todo, porque a eso vinimos: a cambiar la Argentina» invocó al ausente a quien recordó como «gran compañero» y «gran cuadro». A ambos lados, en hileras, la escuchaban -en primera fila- Hugo Moyano y Daniel Scioli.
Era el mensaje esperado y, apenas terminó, el buró partidario cumplió con el ritual de vocear el deseo de la reelección. Un coro previsible que Cristina de Kirchner, como gesto, compensó al dedicarse a saludar uno por uno a casi todos los consejeros y a los invitados (ver recuadro).
Sin seguir el protocolo administrativo -no hubo orden del día ni tampoco un consejero habló antes (aunque, al final, todos firmaron el acta- la Presidente encabezó la reunión del Consejo y dejó, como señal, un mensaje: pidió la «apertura» del peronismo.
«Debemos ser amplios y ofrecer participación a todos» avisó. Es un relato conocido que antes había explorado Kirchner y tiene, como matriz, el esquema de alianzas que orientó Olivos desde la llegada de los K al poder. Se grafica en un término que irrita al PJ: transversalidad.
Citó, como soporte histórico, a Juan Perón y lo mixturó, en el mismo párrafo con el Che Guevara. Del tres veces presidente valoró como mayor legado, que detectó la demanda social de «amplitud». A Guevara lo vinculó con la efervescencia juvenil de los funerales de su marido.
«Al sepelio de Néstor vinieron jóvenes ataviados con remeras con la imagen del Che Guevara» recordó y desató la urticaria secreta de más de uno de los presentes. Usó, además, ese episodio para plantear la necesidad de abrir el partido a la participación de los sectores juveniles.
Fue más específica: «No quiero que el peronismo no sepa interpretar correctamente el momento histórico que vivimos. De allí la apertura y la incorporación de miles de jóvenes a la política».
A los consejeros, no les quedó otra que aplaudir. La lectura es inocultable: la movilidad de la plaza, en los días de la muerte de Kirchner, fue visto como un fenómeno pero, en paralelo, fue detectado como una acechanza por sectores de la estructura del PJ.
Se repartían, por las sillas, Antonio Caló, Julio De Vido, José Pampuro, José María Díaz Bancalari, Rubén Marín, Carlos Kunkel, Miguel Pichetto, Agustín Rossi, Jorge Landau y, entre otros, Juan Carlos Dante Gullo. También el pleno de la liga de gobernadores salvo el cordobés Schiaretti.
El chaqueño Jorge Capitanich, el entrerriano Sergio Urribarri, José Luis Gioja (San Juan), y el salteño Juan Manuel Urtubey, junto al resto de caciques provinciales fueron acomodados a la derecha de la Presidente. En la otra punta, el pelotón lo encabezan Moyano y Pampuro, junto al ministro del Interior, Florencio Randazzo.
Además del «speach» político, indicio de que empujará un esquema electoral que vaya más allá del dueto que componen el PJ orgánico y la CGT, Cristina de Kirchner sorprendió con un balance en el que se permitió utilizar un término que parecía desterrado de su vocabulario al menos en primera persona: error.
Admitió que en su presidencia se cometieron «errores», focalizó como el momento más crítico la crisis del campo pero, tras ese prólogo se lanzó a una enunciación de sus «logros»: destacó la Asignación Universal por Hijo, la inclusión de jubilados al sistema provisional y el desendeudamiento.
Mencionó, también, «la repatriación» de científicos y «el proceso de reindustrialización» del país. En la enumeración incluyó la coparticipación del Fondo Federal de la Soja, medida que por primera vez en la historia permitió repartir a provincias y municipios rentas aduaneras.
La referencia al conflicto del campo, que vinculó con la derrota electoral de 2009, la amplió al asegurar que «supimos ganar porque primero aprendimos a perder». Usó como argumento un factor reciente: la designación de Arturo Puricelli en Defensa, con quien Kirchner perdió una interna del PJ en los 80.
En el repaso no se privó de ametrallar a la oposición. Lo hizo al considerar «malo» el año legislativo y lo enfocó en que «por primera vez (el Congreso) no nos aprobó el Presupuesto».
Con el mismo tono, defendió la decisión de avanzar con un plan de seguridad en el conurbano.


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