Periodista: Pasó Jerome Powell, el titular de la Reserva Federal, por el Senado. Ve una economía de los EE.UU. saludable. Los problemas los observa afuera. Hizo mención expresa de China y Europa. La Fed está siguiendo de cerca cómo se desenvuelven las negociaciones comerciales y del “brexit”. Mientras tanto, puede darse el lujo de ser paciente. El recreo continúa. ¿Quién puede quejarse?
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Diálogos de Wall Street
Buenas noticias (que son promesas en boca del presidente Trump y el titular de la Fed, Jay Powell) y magra reacción. ¿Por qué Wall Street no compra el rumor? ¿Se quedó sin combustible? Con Gordon Gekko, nuestro hombre en la trinchera, todas las respuestas.
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Gordon Gekko: Nadie. El último reclamo del presidente Trump data de diciembre, el último tuit iracundo. Después de la suba de tasas, la Fed de Powell giró en una baldosa, nos rescató del mercado bear cuando era inminente, y, desde entonces, es el mejor custodio de la recuperación de los activos de riesgo. El mundo, no sólo la Casa Blanca, agradecido.
P.: Dedicado a aquellos que dicen que la Fed no le presta atención a lo que sucede fronteras afuera de los EE.UU.
G.G.: No es verdad. Y nunca lo fue. Lo que sí es cierto es que lo que acontece en el extranjero pondera en las decisiones por su impacto, efectivo o potencial, en la economía y los mercados de los EE.UU.
P.: Powell confirmó la continuidad de la postura de no agresión y, sin embargo, los mercados tampoco lo festejaron.
G.G.: Digamos que no lo habían puesto en duda antes de pisar el Senado. Aquí no pasó nada. Como se preveía.
P.: Un día antes, el presidente Trump adelantó que no va a recurrir al aumento adicional de aranceles que había anunciado para el 1ero de marzo si no se llegaba a un acuerdo en las negociaciones con China. Hay progresos, dijo, pero no hay todavía un entendimiento. Sin embargo, la tregua se prolonga. ¿No es una muy buena noticia?
G.G.: Lo es. De a poco el presidente está saliendo de las trampas en las que se metió solito –y en las que nos metió a todos. Ya no piensa despedir a Powell de su puesto de conducción en la FED. Nancy Pelosi, la veterana líder de los demócratas en la Cámara Baja, lo alejó del peligro de un segundo cierre del gobierno.
P.: Y le pasó la factura.
G.G.: Seguro, pero a Trump, no a los mercados. Si ahora el presidente consigue una foto sonriente con su par chino, Xi Jinping, no importa tanto qué diga el acuerdo (como no importó cuando se abrazó con Kim Jong Un, el líder norcoreano, en Singapur), saldrá por fin de su laberinto.
P.: Habrá que ver qué nuevas disputas sube al estrado. El show debe continuar. ¿Tocará pulsear con Europa por la industria automotriz?
G.G.: Lo que sea, no se olvide que la emergencia económica –dictada para obtener los fondos que permitan extender la gran muralla mexicana– es terreno fértil para la pelea, lo que sea que invente promete ser menos pesado que la mochila de una confrontación comercial sin fin con China. Aun cuando uno piense que el rozamiento, las fricciones, con Beijing llegaron para quedarse. Al menos mientras Trump habite el Salón Oval.
P.: ¿No es curioso entonces que los mercados no lo festejen? ¿O es que quieren cerciorarse primero de que Trump no cambie de opinión?
G.G.: En China los mercados sí descorcharon champán.
P.: ¿Será entonces un problema de Wall Street? Trump promete quitarle un gran peso de encima. Recuerde que la corrección de abril último comenzó con los aranceles al aluminio y al acero, cuando todavía no se le había declarado la guerra comercial a China. Bajarle el telón a esta disputa interminable no es poca cosa. Y al día siguiente Jay Powell nos recuerda que está dispuesto a seguir siendo paciente, a ver y esperar, y a ser todo lo flexible que resulte necesario. ¿Por qué Wall Street no empuja más? ¿Desconfía de la palabra de Trump y Powell? ¿O se quedó sin combustible?
G.G.: Si me pregunta le diría que todavía hay upside, margen para subir. Pero no olvide lo que hablamos a comienzos de año. El giro vertiginoso de la Fed de Powell, dijimos, le estaba haciendo el aguante a los desatinos en serie de Trump, a la zozobra global que sembraron sus políticas. “La disputa abierta con China y el gobierno, cerrado. Debiera ser al revés”, dijimos. Bueno, la Fed prometió ver y esperar, si ve que revierte, si cede la incertidumbre que tanto daño causó en el mundo, en algún momento, sus servicios extraordinarios pueden dejar de ser necesarios. No estoy seguro de que Wall Street hoy lo juzgue así, pero no me parece mal que lo transmita.
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