Hace 1500 años, en un lugar donde ogros, elfos y dragones eran cosa de todos los días, detenido en el tiempo bajo una niebla que devora la memoria, una pareja de ancianos, Axl y Beatrice, abandona su guarida para ir en busca de su hijo, que en alguna aldea tan miserable y tenebrosa como esa los estará esperando. Al dar vuelta la primera página el lector quedó atrapado por un encantamiento que remite a lecturas de infancia, a "El señor de los anillos", a "Juego de Tronos", pero "El gigante enterrado" de Ishiguro, con las sorpresas que jalonan el viaje, lleva otras intenciones. Es una fantasía heroica que remite a mitos y leyendas anglosajonas y celtas, del Beowulf a la saga del Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, y redonda para que nadie se sintiera superior. En su búsqueda Axl y Beatrice se encuentran con el guerrero sajón Winstan acompañado por Edwin, chico que salvó de un ogro que lo raptaba. Luego con un caballero andante, un avejentado quijote, Sir Gawain, sobrino del Rey Arturo, quien antes de morir le ordenó matar a Querig, dragona cuyo aliento esparce la niebla del olvido sobre los pueblos. También Winstan tiene la misma meta, pero enviado por el rey sajón. Sin saber lo están enfrentados. Juntos tendrán que vérselas con las tropas de Lord Brennus, con monstruos y monjes que realizan extraños ritos, y temer que regrese el gigante que está enterrado. A Ishiguro no le interesa construir una metáfora de la situación actual pero su relato lleva a pensar en lo que Umberto Eco señaló como "la Edad Media que está a nuestras puertas" y que puede desenterrar el monstruo que se creía sepultado. Y además hace pensar en, por caso, ¿al final de la vida qué se hace con el amor? Porque como en "Lo que queda del día" tras el tema de la memoria, la justicia, la identidad, el fascismo, se esconde una historia de amor. Kazuo Ishiguro, que nunca hace dos libros ni parecidos, ha entregado otra novela inolvidable, contratada por Scott Rudin para llevarla al cine.
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