25 de enero 2017 - 22:35

Girondo: una revolución que sobrevivió a todas las otras

El juego con la lengua que practicó en su poesía, tan actual como en su época, recorrió la literatura argentina y sigue influyendo hasta hoy. La Biblioteca Nacional le consagra una amplia exposición.

Oliverio Girondo. Hasta marzo podrá visitarse en la Biblioteca Nacional una exposición integral sobre obra y legado.
Oliverio Girondo. Hasta marzo podrá visitarse en la Biblioteca Nacional una exposición integral sobre obra y legado.
Con su vocación rupturista y sus juegos con el lenguaje, Oliverio Girondo fundó una tradición poética que fue relativamente comprendida en su tiempo y hoy, a cincuenta años de su muerte, es recuperada en los múltiples homenajes a su obra que por estos días tienen lugar en Buenos Aires. Apenas seis libros desde el inicial "Veinte poemas para ser leídos en el tranvíle alcanzaron a Girondo (1891-1967) para articular una voz singular que aportó a la poesía una renovación de temas, estilos y lenguaje, desde una mirada aguijoneada por el afán experimental y la intención de multiplicar los alcances del género por fuera de los círculos eruditos.

Desenfado, humor o ironía fueron algunos recursos que el poeta puso en juego para articular una escritura que se inspiró en el paisaje urbano, la tecnologíy la observación implacable del amor y el sexo que irrumpe en obras como "Persuasión de los días", "Campo nuestro", "Espantapájaros" y "En la masmédula". "La obra en su totalidad cobra un peso único y se vuelve una masa múltiple, imposible de sintetizar o reducir a una única estética. Hoy todavíseguimos debiéndonos algunos debates que propuso en su momento y siguen doliéndonos algunas frases o imágenes, porque siguen siendo ciertas y dolorosas. Eso confirma el paso del tiempo: cuándo un autor es lúcido e iluminado y puede ver por encima de su época para decirnos algo que se mantenga en el tiempo, algo sobre nuestra humanidad", dijo el poeta Sebastián Goyeneche. Editor de Nulú Bonsai-Editora de Arte, Goyeneche es artífice de un homenaje que tendrá lugar mañana a las 18.30 en la Biblioteca Guiraldes. En ese espacio se exhibirán reproducciones de diez ilustraciones dibujadas por el propio Girondo y coloreadas por Charles Keller para la primera edición de su libro "Veinte poemas para ser leíen el tranví

También, y hasta mediados de marzo, podrá visitarse en la Biblioteca Nacional una exposición mucho más abarcadora e importante, que sale al rescate de la vocación iconoclasta de Girondo a partir de un recorrido que abarca dibujos, ilustraciones, grabaciones de sus lecturas y la escultura gigante con la que el escritor publicitó el lanzamiento de su obra "Espantapájaros" en 1932. "La obra de Girondo es de culto y circula entre los que debe circular. Sin lugar a dudas está replegado a nivel editorial y crí-sostiene el poeta e historiador de la literatura Freddy Yessed-. Tengo una amiga francesa, Solenne Lallia, que vino a Buenos Aires a hacer su tesis doctoral sobre Girondo y se llevó una sorpresa cuando no encontró gran cosa editada. Luego decidimos traducirlo, pues no estaba traducido al francés. Nos quedamos más sorprendidos cuando ninguna editorial francesa nos quiso publicar la traducción porque 'no era muy conocido'".

Yessed es colombiano pero reside de Buenos Aires, donde estudia las modalidades del poema en prosa. Ha publicado "La sal de la locura" -Premio Nacional de PoesíMacedonio Fernández- y "El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein".

"Creo que esa dificultad hace parte del enigma. Es uno de los autores que más se leen de la literatura hispanoamericana y está entre los cinco poetas más referenciados de Argentina -explica-. Como Vallejo, Girondo nunca se inscribió en ninguna vanguardia: ellos mismos son vanguardia y son escuela, sin necesidad de manifiestos. Girondo escribió para no ser olvidado. Seis libros de poesínada más, y se leen todos con la misma inquietud: la de estar leyendo, después de 50 años, algo nuevo", agrega.

Para el investigador, crítico literario y traductor Jorge Monteleone, la obra de Girondo permaneció replegada hasta la década del 80, cuando empezó a ser resignificada por las nuevas generaciones: "Es posible que en los años sesenta-setenta su obra tuviera menos visibilidad y circulación, también a partir del lugar de Borges (que lo detestaba, pero por razones menos poéticas que vitales) pero desde los años 80 nuevas generaciones de poetas y críticos tuvieron una nueva percepción de su revolución poética y se lo situó en el centro del canon", explica.

Uno de los grandes aportes de Girondo fue su trabajo con el lenguaje. Su obra puede verse como un intento de forzar sus líy vulnerar las convenciones de la representación, como se percibe particularmente en la escritura de "En la masmédula", donde la imposibilidad semántica para dar cuenta del mundo lo empuja a la utilización de neologismos como "aridandantemente" o "soplosorbos".

¿En qué medida esta preocupación por la autonomídel lenguaje fijó la producción poética de sus sucesores? "Síhay mucho trabajo en Girondo con respecto a sus búsquedas en el lenguaje, pero podrídecir eso casi como lugar común de la crícon respecto a Borges o a Pizarnik", asegura Yessed. "Creo que si hay un Girondo tan novedoso fue porque leyó su entorno con agudeza, como aconseja Baudelaire. Pero yo veo muchos Girondos en su obra: lo polifacético es una de las cosas que más atraen de su poesíComo en Picasso, hay muchos poetas en su obra. Girondo goza de muchas máscaras estéticas, y el lector inquieto goza también de desentrañarlas", afirma el investigador.

Según Goyeneche, lo maravilloso de Girondo "es que, habiendo vivido su madurez y su mayor reconocimiento como autor en las décadas de los 40, los 50 y los 60, jamás le interesó reflejar en su obra nada que tuviese que ver con la actualidad políinmediata, materia que siempre envejece veloz y tóxicamente". "El tratamiento que le da a la palabra en su último libro siempre fue algo un poco imposible de seguir, porque se trató de una búsqueda muy personal, comparable con pocos casos de la literatura latinoamericana como puede ser tal vez 'Trilce', de César Vallejo. Girondo logró inscribirse eficazmente en un canon poético a la vez clásico y vanguardista, ya que casi todos los poetas que están haciendo obra hoy en dípuede decirse que conocen su obra y la gran mayorílo ha leísostiene Goyeneche.

¿Cómo dialoga la producción de Girondo con las poéticas contemporáneas? "Las nuevas teorías con las que nos acercamos a Girondo lo resignifican singularmente. Veo sus poemas, por ejemplo, en antologíde minificción. En mi caso, trabajé la incidencia del género del 'poema en prosa' en Girondo, ese poema que se escribe en forma de párrafo; y allísíque Girondo es una gran novedad, a pesar de que Lugones, Macedonio Fernández y Guiraldes habíhecho lo suyo", aporta Yessed.

"Sus primeros tres libros, 'Veinte poemas para ser leíen el tranví(1922), 'Calcomaní(1925) y 'Espantapájaros' (1932) trabajan un poema en prosa lleno de aires urbanos, cosmopolitas, y lleno de humor y juego. El humor fuera de chalecos de fuerza es importante en Girondo: cuando en el resto de Hispanoamérica seguírimando y haciendo sonetos, él sale con estos poemas en prosa a burlarse de todo el mundo", continúa.

"Girondo es varios poetas: la primera vanguardia más infantil, carnavalesca, burlona, donde los objetos se revolucionan, la arquitectura y los vehíse personifican, el absurdo domina todo, muy palpable en su primer poemario, se va convirtiendo primero en una visión de mundo más grotesca, irracional y paródica (en 'Espantapájaros') y luego hacia el final de su obra en una conciencia existencialista, crímetafíexcesivamente ácida, ingobernable", apunta Goyeneche. Para el editor, muchos poetas jóvenes y no tan jóvenes lo han leíy fueron marcados por la poética del autor "pero eso no significa que sea algo palpable, marcable en un poema o en un verso específico. Girondo nunca envejece, es hierba fresca siempre. Lo que sípasa con muchos poetas hoy es que hacen poesíya vieja. ¿Por qué? Porque no han leído a Girondo como se lo merece", concluye Yessed.

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