29 de marzo 2011 - 00:00

Gusto caro.

Gusto caro.
La debilidad de los presidentes por los gustos caros a la hora de elegir la forma de viajar no es novedad. En la Argentina, el Tango 01 fue el centro de una polémica que duró años. Pero no sólo los aviones lujosos seducen al poder. En Rusia, el mandatario Dmitri Medvédev se inclinó por el mar con una embarcación de 54 metros de eslora que le costará al Estado de ese país más de 30 millones de euros.

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