¿Vender en mayo? Los inversores prefieren comprar la oportunidad

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El rally no se agota porque la Fed no acceda a los reclamos por una baja de tasa.

Se suponía que la reunión de la Fed iba a ser un trámite. Ningún problema con el texto rutinario del comunicado oficial. No trajo novedades. La conferencia de prensa de Jerome Powell, tampoco. Y, sin embargo, desató una pequeña conmoción (ya es la segunda vez que pasa). ¿Qué dijo Powell? Lo que los mercados no querían escuchar. Que la Fed no ve razones para mudar su posición. La tasa de fed funds -en el rango 2,25%-2,50%- pisa terreno neutral, y el banco central no contempla ni una baja ni un aumento. Para qué... La Bolsa que amagó trepar de antemano se precipitó con las palabras del abogado. El S&P500 devolvió 50 puntos en dos ruedas, las tasas a dos años se erizaron una docena de puntos base (como si se hubiera anunciado una suba de tasas), aflojaron las tasas largas y se aplanó la curva de los bonos (señal de pesimismo sobre el futuro de la actividad económica), se fortaleció el dólar y se hundió el dólar. ¿Gaffe? ¿Malentendido? ¿Qué parte puede no entenderse cuando se repite un mantra conocido? ¿O más bien, un deseo de los mercados que Powell nunca alentó y simplemente no convalida? La respuesta es obvia, pero el problema no es trivial. ¿Quiso el chairman avisar entrelíneas que la Fed se apresta a endurecer el tenor de su política? Si es así, perfecto. ¿O le salió el discurso por la culata? La comunicación es esencial en los tiempos que corren, en los que todos los bancos centrales incumplen sistemáticamente (por defecto) sus metas. Ni la Fed ni nadie en el G-7 (salvo el Banco de Inglaterra) alcanza un objetivo de 2% de inflación. La comunicación cierra esa y otras brechas, y para colmo, Powell se propone hablar tras cada reunión. Si no sintoniza con su audiencia -como ya pasó cuando dijo que la reducción de hoja de balance estaba en “piloto automático” y provocó un estremecimiento infundado, no deseado por la Fed iremos por mal camino. ¿O acaso, otra posibilidad, Powell sabía algo que los mercados, no; pero de lo que ya se enterarían?

El informe laboral de abril, conocido el viernes, reveló que se crearon 263 mil nuevos puestos de trabajo (netos) en EE.UU. (más otros 16 mil que aparecieron de meses anteriores). El empleo aumenta a una tasa casi constante de 1,75% interanual desde 2011. A esta altura de la expansión impresiona. La tasa de desocupación se hincó a 3,6%, su referencia más baja en 49 años cuando agonizaba la década de los 60. ¿Qué debería modificar Powell de sus palabras después de leer el informe? Ni una coma. Así lo entendieron los mercados, que retomaron el vuelo pujante ni bien lo conocieron. Quizás los tranquilizó que los salarios mantuviesen también su ritmo de acrecentamiento -muy holgado (3,2%) por sobre la inflación (1,6%)-, pero sin signo alguno de aceleración. Y no está de más comprobar que Powell, más allá de su talento para la controversia, tiene instinto -e información- muy afilados.

Abril terminó con un incómodo tropezón, un recordatorio de que la Fed puede oponerse a las ansias tanto del presidente Trump como de los mercados (lo hizo en diciembre). Mayo comenzó a pleno. ¿Vender? Es lo que recomienda el célebre adagio. Está claro que, data en mano, los inversores prefirieron comprar la oportunidad. El Nasdaq clavó el viernes su enésimo récord absoluto. El S&P500 cerró a 0,01% de sus máximos flamantes. El rally no se agota porque la Fed no acceda a los reclamos por una baja de tasa (y se puede arriesgar que -dada la presión desembozada de la Casa Blanca- es mejor así). ¿Qué heridas dejó el episodio Powell? Ocho oradores de la Fed desfilaron el viernes, y ninguno se mostró agresivo. James Bullard, de la Fed de Saint Louis, inclusive, planteó la conveniencia de bajar las tasas si la inflación no repunta después del verano boreal (una paloma solitaria en el FOMC). Y el rally mantiene la vela encendida del acuerdo comercial con China (por eso, la contracción del comercio internacional no estropea la levitación de los mercados). Sin embargo, conviene tomar nota del corto circuito. No es el momento todavía para sintonizar otra política, pero ya llegará cuando la recuperación se afiance. Si la recesión que se temía no se produce, si el mercado bear troca en furibundo bull, tampoco la Fed operará por siempre en modo de emergencia.

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