Rosa, la protagonista absoluta de esta película, está interpretada por la actriz Lina Siciliano, quien entre sus muchas virtudes tiene también la de parecerse asombrosamente a Ali McGraw en sus años jóvenes, es decir, los de “Love Story”. Si el resentimiento del personaje de Ali era contra su leucemia, el de Rosa es contra su familia, o mejor dicho su “famiglia”, en el sentido más calabrés y delictivo de la palabra, ya que ésta es una historia de mafiosos y de venganzas. Casualmente, por los años de “Love Story” se estrenaba también “El Padrino”, de Francis Ford Coppola, película que estableció un código de género cinematográfico que sobreviviría durante décadas en el cine y más tarde en la televisión, con “Los Soprano”. “Una femmina”, por el contrario, nada tiene que ver con esa codificación: su joven y debutante realizador, Francesco Costabile, adhiere en cambio a los silencios, los planos extensos, lentos, los gestos mínimos, algunos esporádicos arranques de violencia para caracterizar a la mafia local, la “Ndrangheta”, cuyo modo operandi difiere del de otras hermandades como la Camorra o la Cosa Nostra, pero, en general, el tono de su película elgie adscribirse en ese cine antropológico-estético, que reina hoy en secciones paralelas de festivales, movido menos por diálogos y situaciones que por puras imágenes. Bellas imágenes, desde ya.
“Una femmina”: la mafia con firma autoral
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
-
Disponible en Disney +: la sitcom más incorrecta de la historia que es perfecta para maratonear
Rosa lleva la muerte en el alma, pero no quiere sucumbir a ella sino vengarse de los que la arrastraron a tal situación; en especial, como si se tratara de un drama conceptual de Capuletos y Montescos, contra quienes provocaron que su madre se suicidara bebiendo ácido (una forma de muerte que se remonta a los tiempos de la Roma clásica, cuando la mujer de Marco Bruto, Porcia, tragó brasas ardientes), pese a que el líder de esa facción asesina la pretende hoy como su mujer. Ella vive rodeada por el silencio cómplice del resto de la familia, la abuela, el dspótico tío y el primo idiota, y en una población rural donde la atracción principal es la visita al cementerio: también allí, con el ocultamiento de cuerpos o con el desquite sobre otros despojos, se juega la miserable historia de esas familias olvidadas por la civilización, como si vivieran en la Edad Media.
La película tiene estupendos intérpretes, empezando por Siciliano, y una puesta en escena que se toma sus tiempos, y que requiere del espectador la aceptación de esa caligrafía visual que tanto place a los nuevos realizadores. Pero vale.
Marcelo Zapata
“Una femmina - Código de silencio” (“Una femmina”, Italia, 2022). Dir.: F. Costabile. Int.: L. Siciliano, F. Ferracane, A. M. De Luca.




Dejá tu comentario