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Uruguay: Rocha vive un verano atípico con pocos argentinos
Sin gente alrededor, cuatro jóvenes juegan un picado en una playa de La Paloma (abajo). En Punta del Diablo, los bares y la feria de artesanías convocan multitudes durante el día y la noche. (Arriba y centro.)
«Enero parece marzo», suele repetirse con frecuencia entre los habitués de La Paloma. Casas de alquiler con las persianas bajas (una de ellas anunciando en un letrero: «Se alquila con rebajas»), restoranes con mesas vacías, coches en su gran mayoría de bandera celeste y manteros que se retiran de veredas y ferias en busca de mejores horizontes aunque sin rumbo cierto. Como si fuera poco, boliches bailables que cierran, turistas argentinos que, ahuyentados por un cambio desfavorable, deciden volver a las playas de Mar del Plata, el Partido de la Costa o cualquiera de los balnearios del corredor del Atlántico.
Las razones
Muchos dirán que la comuna de La Paloma equivocó la estrategia de promoción al anunciar un plan agresivo con descuentos de precios a residentes y aumentos para los turistas. Otros buscarán explicaciones en la ola de inseguridad, un aspecto que preocupa y parece no tener solución, al menos a corto plazo. Basta mencionar como ejemplo a la comisaría de la zona, donde por las noches hay sólo dos oficiales de guardia y ni siquiera son de la zona pues «las guardias son asignadas por sorteo», según Miguel Pereyra Borches, empresario de la construcción.
La falta de iluminación en algunos barrios es otro motivo que preocupa. Habría que preguntarse por qué razón el municipio cobra altos impuestos de Alumbrado, Barrido y Limpieza en lugares como Arachania o las zonas más alejadas del mar en balnearios como Costa Azul y La Aguada, por mencionar algunas. «Las calles parecen tierra de nadie, no hay asfalto, no hay un sólo poste de iluminación y para tirar los residuos hay que caminar cuadras hasta algún depósito construido por los propios vecinos», continúa Pereyra Borches. A este hecho se le suma que la recolección de basura se realiza no más de dos veces por semana, generando olores nauseabundos y quedando a la vista de todos las bolsas dañadas por perros callejeros con restos de comida, botellas y demás residuos durante días.
«Hoy hay un 40% menos de turistas, casi no se ven argentinos, y la mayoría de las casas de alquiler se arriendan los fines de semana o como máximo por una semana. Por suerte en estos últimos días hubo un incremento de visitantes, pero tuvimos que bajar los valores de los alquileres hasta un 30%», afirma Pereyra Borches.
Más cauto se muestra Richard Quintian, propietario de un complejo de cabañas en la zona del bosque de La Paloma. «Si bien hay una merma de arribos en relación con años anteriores, yo diría que hubo un cambio radical en el perfil del turista. Antes la movida grande de La Paloma estaba marcada por los jóvenes, y este año todo ese segmento se trasladó a Punta del Diablo, que registra récords históricos y es sin dudas el lugar más elegido de la temporada, no sólo por uruguayos, sino por argentinos, brasileños y europeos. Además hay que tener en cuenta que durante 2011 se construyeron complejos con amenities que antes no existían en La Paloma y también cabañas. Hay cerca de tres mil camas más; es complicado satisfacer tanta oferta...», asegura Quintian. «Para los hoteles, en cambio, es una buena temporada: tienen un 90% de ocupación a pesar de incremento de precios respecto del año pasado (cerca del 20%), con valores que oscilan los 150 dólares promedio por noche».
Punta del Diablo
A diferencia del pobre presente rochense, Punta del Diablo disfruta su mejor temporada en su historia. Este pueblito de pescadores vive casi en la soledad absoluta durante el año, pero al llegar el verano cambia su traje por el de gran anfitrión y suma cada vez más fanáticos.
Hoy es sin dudas el lugar elegido por la juventud. Un sitio que ya no conoce horarios ni códigos de etiqueta social. Donde es posible sentarse a comer a cualquier hora en uno de los tantos bares situados a la vera de la calle principal que desemboca en el mar. El balneario en donde uruguayos argentinos, brasileños, chilenos y europeos hablan un mismo idioma: el de la diversión. Tienen todos la misma predisposición para matear en la playa al atardecer que para salir a bailar hasta las nueve de la mañana.
Boca a boca
«Lo mejor que tiene Punta del Diablo este año es el mediodía y la siesta. La mayoría de la gente está durmiendo porque la noche anterior fue a bailar», bromea Belén Mendoza, una vendedora ambulante cordobesa que recaló primero en Valizas y terminó «como la mayoría, en Punta del Diablo, traída por el boca a boca» reconoce. «Somos tantos manteros que no hay lugar para uno más. Pensar que hasta el año pasado aquí sólo existía la feria artesanal y un par de puestos callejeros ubicados sobre la avenida de los Pescadores», afirma Mendoza.
La «previa» del boliche se arma en la zona de bares y pubs, la mayoría con música y shows en vivo. Bitácora y Pogo, dos locales bailables ubicados uno frente al otro, comienzan a llenarse recién pasadas las 4 de la mañana. Pogo es conocido por ser la principal discoteca de La Paloma, funcionó allí durante muchos años y, con la migración joven hacia Punta del Diablo, decidió abrir este verano un un local en ese balneario. Es allí el lugar elegido por los más jóvenes, en tanto que su competidor, Bitácora, trabaja en la zona hace 15 años y actualmente tiene tres establecimientos similares en el balneario.


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