Alertar sobre lo que le ocurre a la gente común bajo un gobierno totalitario la llevó a escribir “Últimos días en Berlín” (Planeta), sostiene Paloma Sánchez Garnica, que visitó la Argentina para presentar su novela, finalista del Premio Planeta 2021. Madrileña, ha publicado “La sonata del silencio”, que fue serie de televisión; la premiada “Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido” y “Las sospechas de Sofía”, entre otras novelas. Dialogamos con ella.
“El mundo no está libre de padecer otro Hitler”
Diálogo con la española Paloma Sánchez Garnica sobre su novela “Últimos días en Berlín”, que presentó durante su reciente paso por Buenos Aires.
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Sánchez Garnica. Autora de la novela “Últimos días en Berlín”
Periodista: ¿El motor de su novela fue mostrar que puede aparecer un marginal que se convierta en Führer?
Paloma Sánchez Garnica: Tratar de entender qué falló para que ocurriera lo que ocurrió me llevó a escribir “Últimos días en Berlín”. Y debemos estar alerta porque nos puede pasar lo mismo. El horror del nazismo, con otros modos, puede volver a ocurrir. Comprender el nazismo es prácticamente imposible, pero conocerlo es una obligación. Alemania, Europa, el mundo subestimó a Hitler. No hay que olvidar que cuando hablaba en público se lo aplaudía, se lo vitoreaba, se le creía, se lo adoraba como un dios. Tenemos que estar alerta. Estamos en un momento histórico crítico. Si no tomamos conciencia de lo que nos jugamos podemos volver a vivir lo impensado, aquello que nunca se le pasó por la cabeza a aquellos alemanes que siguieron enfervorizados a un salvapatrias como Hitler.
P.: ¿La manipulación de la gente se logró a las radios que Goebbels repartía?
P.S. G.: Fueron las redes sociales de aquel entonces. Ordenó la fabricación de radios muy baratas para que estuvieran hasta en los últimos rincones y que llegara hasta allí lo que él quería que se pensara, su mensaje manipulador. Impuso las fake news. Hay lectores que me dicen que no hablo del nazismo sino de la actualidad. El engaño hoy lo utilizan todos. Los extremismos con mayor intensidad para crear una línea de opinión. La clave está en que la sociedad se deja manipular. La sociedad alemana era frágil, vulnerable, con una polarización social y política brutal, violencia, inseguridad, desempleo, y vino un salvador de la patria con una ideología que supo encauzar las ilusiones y lo siguieron. Cuando tomó el poder ya no había posibilidad de reaccionar.
P.: Su protagonista, Yuri, viene escapando del comunismo y se encuentra con el nacimiento y desarrollo del nazismo.
P.S. G.: Yuri, que es un homenaje al protagonista del “Doctor Zhivago” de Pasternak, es un expatriado. Su patria se la arranca la Revolución Rusa con una tremenda guerra civil que convierte a su familia en “enemigos del pueblo”. Estigmatizado, llega a España donde se siente extranjero. No quiere olvidar su pasado, su familia, viaja a Berlín como un punto de tránsito en la búsqueda de su madre y su hermano, pero se encuentra con el amor de su vida. Un amor controvertido hacía dos mujeres. El amor apasionado a Claudia, y el cariño, el respeto, a Krista. En Claudia quise representar esa parte de Alemania del desamparo, que va al nazismo llevada por la manipulación. Ella, con un amor prohibido, se va dando cuenta de que hay algo que no encaja, y él se aparta para protegerla. Krista es esa parte de la sociedad que no estaba de acuerdo con el nazismo, que no permite que el totalitarismo le cambie sus principios morales, que intenta rebelarse, pero no lo hace por la dominación, por el miedo; baja la cabeza y calla. Claudia y Krista son mujeres contradictorias y complementarias.
P.: ¿Parte siempre de lo histórico para derivar en lo sentimental?
P.S.G.: Mis novelas no son históricas. Hablo de las consecuencias que producen las políticas y las ideologías, el nazismo, el estalinismo, en la gente que tiene que gestionar su vida en esas situaciones, con esa ideología, con esas ideas, con esos cambios de principios morales, con ese crujir de la justicia, que condicionan su vida diaria, sus sentimientos, su libertad, su capacidad de moverse, de pensar, en el Moscú de Stalin, en el Berlín de Hitler, en año 45 en España, y en más. Es una forma de entender la historia a través de las historias con minúscula de las que hablaba Unamuno. La magia de la literatura es que podemos entender el pasado y a través de ello conseguir una mirada comprensiva de la realidad que vivimos. No hace falta el historiador, el ensayista, con obras que por ahí no nos gustan o no somos capaces de entender. La literatura nos da el paso, el latido de gente como nosotros, donde vernos reflejados. Esa lectura cala porque se entiende lo que les pasa a otros antes y después, y las circunstancias que los rodean. Sacan de la mirada egoísta de la realidad en que vivimos, y hacen verla de otro modo. Antonio Muñoz Molina dice que cuando se lee una novela ya no se es el mismo, algo te cambia, las conexiones del cerebro hacen su trabajo. Lo que se trata es de volvernos una sociedad crítica de forma que no venga un Goebbels, de cualquier rango y cualquier nombre, con cualquier medio, un periódico, radios, televisoras, redes sociales, para manipularnos. No aceptar lo que dice un periodista, contrastar la información, cribar lo que nos llega todos los días, no permitir dejarse convencer, no dejar que vayan calando esas ideas, esos slogans facilones. Estamos ante la gravedad de ir a una sociedad vacía de lecturas.




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