22 de marzo 2026 - 00:00

La crisis energética europea, ¿la puede salvar América Latina?

El conflicto con Irán confirma que la energía no es solo un recurso económico, sino que es un instrumento de poder con la capacidad de reconfigurar el futuro de ambos continentes.

Europa depende de importaciones de petróleo y gas y sufre de manera directa las tensiones en Irán y la región de Medio Oriente.

Europa depende de importaciones de petróleo y gas y sufre de manera directa las tensiones en Irán y la región de Medio Oriente.

La energía se ha convertido en el nuevo campo de batalla de la geopolítica. No hace falta que Europa ni América Latina estén directamente involucradas en el actual conflicto con Irán para sentir sus efectos: basta con mirar la factura energética y los precios internacionales del crudo para entender que la onda expansiva llega a todos. El precio spot del barril Brent se mantiene actualmente por encima de los 100 dólares, mientras que el gas natural en Europa cotiza por encima de los 30 euros por mwh, más del doble del promedio histórico.

Europa aparece frágil. Su dependencia del petróleo y el gas importados la deja expuesta a cada sacudida externa. La Unión Europea importa más del 90% del petróleo que consume y cerca del 70% del gas. La invasión rusa a Ucrania ya había encendido las alarmas, y ahora la tensión en el Estrecho de Ormuz -por donde circula más del 20% del petróleo mundial- amenaza con encarecer aún más el suministro y profundizar su crisis de competitividad.

La transición europea hacia energías verdes avanza, sí, pero con tropiezos: falta infraestructura, los costos son elevados y persisten dudas sobre cuánta autonomía puede lograr frente a gigantes como China. La UE aspira a reducir en un 55% sus emisiones para 2030, pero aún el 75% de su matriz energética depende de combustibles fósiles. La energía, en este escenario, es un riesgo que compromete seguridad, soberanía y sostenibilidad.

estrecho de ormuz

América Latina, en cambio, observa la coyuntura con otra mirada, más esperanzadora: trata de verla con los ojos de la oportunidad. Para los países productores de hidrocarburos -Brasil, México, Colombia, Guyana, Venezuela y Argentina, entre otros- las derivadas de la crisis en Medio Oriente pueden ser justamente una circunstancia auspiciosa. Estados Unidos sigue en general siendo su principal comprador, pero Europa aparece como un mercado dispuesto a diversificar y pagar más por garantizar suministro. Claro que la región arrastra sus propios problemas: planificación deficiente, dependencia tecnológica y tensiones políticas internas que limitan su capacidad de aprovechar plenamente el momento.

Potenciales y necesidades en disputa: Europa vs América Latina

La comparativa es casi obligada: Europa depende de importaciones de petróleo y gas y sufre de manera directa las tensiones en Irán; América Latina depende de sus exportaciones de origen agroindustrial, minero y energético, y recibe el impacto desde el Estrecho de Ormuz de manera indirecta, a través de la volatilidad del precio de sus productos comoditizados.

Europa avanza en la transición hacia una economía verde, que pueda posicionarla competitivamente entre Estados Unidos y China, aunque enfrenta muchas dificultades.

América Latina intenta desplegar un modelo de desarrollo que haga frente a su rezago tecnológico y a su falta de cohesión a partir de la explotación de sus recursos naturales; lo hace de forma desigual, con países líderes y otros más demorados. En ambos casos, la energía se convierte en un factor geopolítico central.

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En este desafiante tablero, el reto europeo de reducir su dependencia de combustibles fósiles puede combinarse de manera exitosa con la necesidad de desarrollo de las economías latinoamericanas: mientras que América Latina cuenta con potencial en energía solar, eólica e hidroeléctrica, además de recursos estratégicos como el litio, carece de inversión sostenida, de tecnología y de marcos regulatorios avanzados, y es en estos aspectos donde puede complementarse con el Viejo Continente.

El llamado Triángulo del Litio (Argentina, Bolivia y Chile) concentra cerca del 60% de las reservas mundiales, y Europa necesita asegurar suministro para su industria de baterías. El tratado UE–Mercosur puede ser la plataforma que convierta esta relación en un círculo virtuoso, donde la cooperación permita acelerar la transición energética, diversificar cadenas de suministro y asegurar beneficios compartidos.

Las consecuencias (y oportunidades) de la guerra con Irán

Lo que está sucediendo en Irán es vital tanto para Europa como para Asia: cualquier bloqueo altera de inmediato los precios y la seguridad de suministro. La producción mundial de petróleo supera los 100 millones de barriles diarios, y cualquier interrupción en Ormuz afecta al menos a 20 millones de ellos.

América Latina no depende de ese corredor, pero sufre las consecuencias en los mercados globales. La guerra enfatiza una vez más que la energía es un arma geopolítica capaz de modificar balances económicos y políticos a escala mundial.

petroleo vaca muerta

La conclusión es inevitable: la energía es hoy un factor central que puede transformarse en un instrumento de integración entre dos regiones, inclusive cruzando océanos. Europa enfrenta la exigencia de garantizar seguridad de suministro en un contexto de crisis externas, transición incompleta y competitividad en discusión.

América Latina, en cambio, tiene la oportunidad de superar las barreras del desarrollo apuntalándolo en todo su potencial como proveedor. El conflicto con Irán confirma que la energía no es solo un recurso económico, sino que es un instrumento de poder con la capacidad de reconfigurar el futuro de ambos continentes.

Director de ESPADE, en X (Twitter) @G_Balbo.

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