La entidad financiera J.P. Morgan actualizó sus perspectivas para el mercado de metales preciosos y ratificó su sesgo positivo para el oro, incluso después del abrupto ajuste que sufrió el precio tras marcar máximos históricos a fines de enero. En su último informe, el banco estimó que la onza podría escalar hasta los u$s6.300 durante 2026, consolidando una tendencia que considera de largo plazo.
¿Un sorprendente nuevo récord del oro? La predicción de J.P. Morgan
J.P. Morgan proyecta que el precio del oro podría alcanzar los u$s6.300 hacia fines de 2026. El banco sostiene una visión alcista pese a la reciente corrección y destaca la demanda de bancos centrales y activos reales.
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Aunque la Argentina no es un jugador dominante en el mercado global del oro, una tendencia alcista sostenida podría tener impacto positivo en la balanza comercial y en las inversiones mineras, especialmente en provincias con proyectos auríferos en desarrollo.
El análisis se conoce en un contexto de elevada volatilidad, luego de que el oro experimentara una de sus mayores correcciones diarias en décadas, presionado por el fortalecimiento del dólar y el endurecimiento de las expectativas en torno a la política monetaria de Estados Unidos tras la nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal. Sin embargo, para J.P. Morgan, ese retroceso no altera los fundamentos de fondo que sostienen la dinámica alcista del metal.
El rol clave de los bancos centrales
Uno de los pilares centrales de la proyección del banco es la demanda sostenida de oro por parte de los bancos centrales, que en los últimos años se consolidó como un factor estructural del mercado. Según el informe, la acumulación de reservas de oro por parte de autoridades monetarias sigue funcionando como un ancla de precios, aportando un piso sólido incluso en escenarios de correcciones abruptas.
J.P. Morgan remarca que, en un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, fragmentación financiera y mayor incertidumbre sobre las monedas de reserva tradicionales, el oro vuelve a ocupar un lugar central como activo de resguardo. Esta tendencia, señalan los analistas, no responde a movimientos especulativos de corto plazo, sino a decisiones estratégicas de largo alcance.
Inflación, tasas y activos reales
Otro factor clave detrás de la visión alcista es la búsqueda de cobertura frente a la inflación y la mayor preferencia por activos reales en un contexto de redefinición de las políticas monetarias globales. Si bien el mercado descuenta recortes de tasas en el mediano plazo, JP Morgan advierte que la incertidumbre sobre el ritmo y la profundidad de esos ajustes seguirá incentivando la demanda de oro como protección del poder adquisitivo.
En ese sentido, el banco destaca que la percepción del riesgo cambió de manera estructural: los inversores institucionales tienden a priorizar activos físicos frente a instrumentos financieros más expuestos a shocks macroeconómicos o decisiones de política monetaria.
Oferta limitada y presión sobre los precios
El informe también pone el foco en las limitaciones de la oferta minera, que no logra expandirse al mismo ritmo que la demanda global. Las dificultades para poner en marcha nuevos proyectos, los mayores costos de extracción y las restricciones ambientales generan una brecha creciente entre producción y consumo, lo que agrega presión alcista sobre los precios.
Para J.P. Morgan, esta combinación de demanda firme y oferta restringida refuerza la hipótesis de que el oro todavía no alcanzó su techo en el actual ciclo económico, incluso después de los récords registrados en enero.
Un posible superciclo del oro
De cumplirse las proyecciones del banco, el mercado del oro ingresaría en una fase de “superciclo”, caracterizada por precios elevados durante un período prolongado y por un cambio estructural en la composición de las carteras de inversión a nivel global.
Este escenario no solo impacta en los inversores financieros, sino también en la industria minera, ya que un precio de la onza en torno a los u$s6.300 mejora de forma sustancial la rentabilidad esperada de proyectos que hasta ahora no resultaban viables. Según JP Morgan, este contexto podría reconfigurar el mapa global de inversiones mineras en los próximos años.
Qué implica para la Argentina
Aunque la Argentina no es un jugador dominante en el mercado global del oro, una tendencia alcista sostenida podría tener impacto positivo en la balanza comercial y en las inversiones mineras, especialmente en provincias con proyectos auríferos en desarrollo. En un escenario de precios elevados, el sector minero podría ganar protagonismo como generador de divisas, en un contexto en el que el acceso a dólares sigue siendo una variable crítica para la economía local.
Riesgos y señales a monitorear
J.P. Morgan advierte que el principal factor de riesgo para esta proyección sería un cambio abrupto en la política de tasas de interés, especialmente si se produjera un endurecimiento mayor al esperado. No obstante, el consenso dentro de la entidad es que los fundamentos actuales son lo suficientemente sólidos como para sostener la tendencia alcista durante todo 2026.
En ese marco, el banco concluye que, más allá de la volatilidad de corto plazo, el oro se perfila como uno de los activos protagonistas del año, consolidando su rol histórico como refugio frente a la incertidumbre global.
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