Opiniones

Es tiempo de pensar en los ingresos básicos

Para Dante Avaro, la sociedad se debe un debate para encontrar soluciones a los problemas económicos, y los ingresos básicos podrían ser la clave.

Los ingresos básicos, también conocidos como renta universal garantizada o ingreso ciudadano, son políticas públicas del tipo constitutivo, cuyo aporte resulta ineludible para cualquier debate público en donde se pretenda encontrar verdaderas soluciones al acuciante problema del desempleo, al descalce entre ingresos y consumo, y la defensa de la dignidad ciudadana.

A contramano de lo que sugiere la literatura especializada, este concepto simple se vuelve atractivo en situaciones adversas, más que en momentos de estabilidad o relativa bonanza económica. Vale decir: en períodos de recesión y crisis, como el que atraviesa Argentina desde hace varios años, la propuesta de los ingresos básicos debería tomarse en cuenta al momento de debatir el menú de políticas económicas en todo el arco ideológico (policy analysis). De esta manera, podrían sopesarse costos de oportunidad, además de juzgar diseños institucionales y, fundamentalmente, para redefinir el sentido cooperativo que en el marco de la nueva economía, debemos imprimir a los impuestos. Veamos.

Los ingresos básicos resultan atractivos a unos ciudadanos, o repulsivos a otros, casi por la misma razón: su simpleza. La idea básica, o slogan, detrás de los ingresos básicos, suele sintetizarse así: todos los ciudadanos acceden a un mínimo de ingresos incondicionales desde la cuna a la tumba. Pero suele ocurrir que las ideas simples o son bellas de inmediato… o deben resignarse a duras críticas. Esto último le ha ocurrido, para bien, a los ingresos básicos.

Más allá de haber sido aplicados con éxito en diferentes países europeos, los cuestionamientos a esta propuesta no sólo han sido teórico-conceptuales, sino que, fundamentalmente, han tenido un carácter práctico. Así, por ejemplo, actualmente entre los expertos resulta imposible usar de manera indistinta “impuestos negativos a la renta”, “ingreso básico universal” o “esquemas de mínimos garantizados” para referirse a esta idea simple y elegante, enunciada más arriba. Y, de la misma manera, poco a poco, se abandonó la fantasía romántica de contar con una sola ventanilla de cobro, un único vector redistributivo y un esquema impositivo simplificado. La complejidad del mundo en el que vivimos ganó la batalla de la circulación de dinero en la sociedad democrática.

Hoy día, superada la posguerra y el Estado de Bienestar que de ella devino, los ingresos básicos dejaron de constituir una consecuencia natural en la búsqueda de sociedades equilibradas, igualitarias. Esta forma de respuesta a los defectos del capitalismo, aportará hoy al debate público en la medida que provea nuevas soluciones a una sociedad que supo apostar por criterios de justicia compensadora, tanto para la redistribución de activos tangibles transferibles, como de aquellos intangibles intransferibles (por ejemplo, las políticas de identidad).

Como consecuencia de lo anterior, en diferentes partes del mundo donde, actualmente, se implementan por vez primera los ingresos básicos, se habla de “experimento”. Por un lado, porque darle carácter de experimento a la aplicación de una política económica permite cubrirse de las críticas, los pronósticos apocalípticos, y las miradas egoístas de ciertos sectores. Por otro, como consecuencia de tres asuntos cruciales que describiré a continuación y que, lejos de debilitar la propuesta, la fortalecen sobre todo en momentos de crisis, como el que nos toca atravesar en Argentina.

Primero. Poner en práctica el experimento de los ingresos básicos permite entenderlos como una política complementaria de otras, como el reentrenamiento laboral, la capacitación y las políticas industriales activas. Asimismo, los ingresos básicos son una propuesta que va más allá de la amenaza robótica; se puede ilustrar este asunto con datos frescos. Recientemente Latinobarómetro indagó mediante un cuestionario de opciones múltiples cuáles de las siguientes ideas ayudarían más, desde la perspectiva de los encuestados de 18 países latinoamericanos, para que la tecnología generara efectos positivos sobre los empleos. El 64,5% de los encuestados piensa que políticas ligadas a la formación de capital humano generarían buenos resultados; un 20% piensa que los ingresos básicos ayudarían mucho, mientras que sólo un 2,4% piensa que “subir los costos de despido” podría funcionar. Claramente, la percepción de los encuestados va en una única dirección: las políticas que pueden funcionar son las que miran al futuro, no las que pretenden detener el proceso de transformación que acaece en el mundo del empleo del siglo XXI.

Segundo. La idea de experimento permite concebir a los ingresos básicos fuera del corsé universalista, posibilitando la alternativa de implementar dicha política en ciertos territorios o distritos (barrios, ciudades o conglomerados urbanos) o grupos sociales específicos. Concebir los ingresos básicos de esta forma permite ampliar sus perspectivas y habilita, también, una discusión franca y abierta sobre sus posibilidades de financiamiento. Quizá los mismos agentes que invertirían en bonos de impacto social para formar capital humano en ciertos grupos etarios (por ejemplo, jóvenes entre 18 a 24 años), vean una buena oportunidad en invertir en un proyecto de ingresos básicos para cierto barrio de determinada ciudad.

Cabe aclarar que los bonos de impacto social ya están dando buenos resultados en Colombia. La búsqueda de financiamiento para impulsar ingresos básicos en ciertas ciudades se desarrolla actualmente en ciertas localidades de Estados Unidos, entre otros lugares del mundo.

Tercero. Un experimento requiere (como remarca muy bien el filósofo Bruno Latour) un protocolo. El protocolo adecuado para los ingresos básicos consiste en utilizar ciertas herramientas disponibles en una democracia: se habla de las políticas públicas basadas en evidencias. Ir en esa dirección de experimentos-protocolos ayudaría, y mucho, a nuestra democracia que le ha dado sistemáticamente la espalda a la idea de que un gobierno democrático gobierna por medio de políticas públicas.

En definitiva, los ingresos básicos constituyen una propuesta de política pública que, en momentos de crisis como el actual, debería estar sobre la mesa, no debajo de ella. Y no porque constituyan una única alternativa al problema, sino porque su solo planteo y debate enriquecería el campo de las ideas políticas argentinas, en el camino del diseño de problemas con solución.

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