7 de junio 2005 - 00:00

"A ninguna estrella le gusta su cuerpo"

Robert Rey conun implante depantorrilla:«Treinta porciento de mispacientes se vandel consultoriosin ser operadasporque no tienenningún problema,son perfectas o,mejor dicho, elproblema es de lacabeza, y no lespuedo sugerir unpsicólogo porquese ofenden».
Robert Rey con un implante de pantorrilla: «Treinta por ciento de mis pacientes se van del consultorio sin ser operadas porque no tienen ningún problema, son perfectas o, mejor dicho, el problema es de la cabeza, y no les puedo sugerir un psicólogo porque se ofenden».
"Ochenta por ciento de mis pacientes son actores de Hollywood", dice el cirujano plástico Robert Rey, también conductor del reality «Dr. 90210», que emite el canal «E! Entertainment». «Pero todos se creen feos, lo mismo las mujeres más bonitas del mundo del cine. Ninguna de las que conocí se quiere a sí misma. Nunca nadie está completamente conforme con su aparienca». El médico brasileño graduado en Harvard se ha convertido en el cirujano más requerido de Estados Unidos, no sólo por su buena fama como profesional sino porque sus pacientes famosos piden salir en su programa de TV mientras son operados, para mostrarle al mundo el antes y el después del bisturí. Durante su paso por Buenos Aires dialogamos con él:

Periodista
: Usted vivió en San Pablo hasta los 11 años en la extrema pobreza y actualmente es un cirujano millonario de Beverly Hills, ¿será también gracias a su historia que tiene un programa en TV?

Robert Rey: Puede ser, pero no le deseo a nadie el padre irresponsable que tuve. Nunca dormí en una cama hasta que llegué a los Estados Unidos; en Brasil dormía en una mesa vieja. Hasta que llegaron los misionarios mormones, le ofrecieron a mi padre llevarme a Estados Unidos para educarme y él me cedió en bandeja. Me crié en Utah, con unos padres adoptivos muy cultos, gracias a lo cual pude ingresar en Harvard. Cuando llegué a Beverly Hills me advirtieron sobre la competencia de cirujanos, hasta que un día operé a una secretaria del canal E! Enterteinment. Ella corrió la voz y no sólo tuve más clientes sino que me ofrecieron conducir este programa.

P.:
¿Cuáles son las últimos avances en cirugía estética que se muestra en esta nueva temporada?

R.R.: Antiguamente se cortaba demasiado, actualmente se utiliza menos el bisturí y más el laser, para levantar por dentro párpados, el rostro, los labios, con una técnica llamada «thermage», que logra efectos que duran dos años. Otra tecnología francesa, « misotherapy», consiste en inyecciones en el rostro que rejuvenecen a las personas.


P.:
¿Qué es lo que más piden las mujeres?

R.R.: Senos, claro, en todo el mundo es igual. Casi todas en Buenos Aires están operadas. Es una restitución y está muy bien después de tener hijos, porque los senos colapsan. Los hombres también piden senos, pero en el sentido de remover los colgajos del pecho. También solicitan operarse las bolsas de los ojos y la nariz, como yo.


P.: Si usted considera que una mujer no necesita cirugía pero concurre a su consultorio porque quiere hacérsela ¿usted la opera igual?

R.R.: De ninguna manera. Treinta por ciento de mis pacientes se va del consultorio sin ser operada porque no tienen ningún problema, son perfectas, o mejor dicho, el problema es de la cabeza. Quince por ciento de los pacientes tienen problemas psicológicos, son gente con angustia respecto de su cuerpo, pero no las operamos.


P.:
¿Y las mandan al psicólogo?

R.R.: No podemos decírselo porque se ofenden. Es que las estrellas se ponen en un altar. Cuando miramos la televisión no queremos vivir nuestra propia vida, de trabajo y angustia; queremos un mundo fantástico como el de la gente de la TV.


P.:
¿La televisión logra cambiar enteramente a una estrella?

R.R.: Hollywood ejerce una presión inmensa y ninguno es realmente como lo que vemos en la pantalla. Todos tienen algún defecto pero hacemos a las personas casi perfectas. Ahora bien, la persona normal tiene la presión de tener la apariencia de la televisión, que no es normal.


P.:
Y usted, ¿le escapa a la perfección o se considera obsesivo?

R.R.: Infelizmente, padezco el trastorno obsesivo compulsivo, quizá se deba al complejo de inferioridad, porque como inmigrante de los Estados Unidos, siempre seré de segunda clase. Entonces paso mi vida tratando de ser perfecto en todo, lo cual es bueno para los pacientes. Por ejemplo, no puedo operar sin antes lavarme los dientes o si la mesa operatoria no está a 90 grados con la pared. Ser obsesivo compulsivo es bueno para los cirujanos.


P.:
Qué opina de otros realities de cirugías como «The Swan» o «Extreme makeover»?

R.R.: No quiero criticar a otros cirujanos plásticos porque son mis amigos, tienen consultorios cerca del mío. Pero en «Extreme makeover» se hacen 12 ó 13 cirugías a la misma persona y eso es peligrosopara la salud. Las leyes de California prohiben más de 9 horas de una misma cirugía y en ese programa se pasan. En «The Swan» critico la competencia por ver quién resultó la más bella luego de pasar por el quirófano y la explotación de la angustia ajena.


P.:
¿Pero no resultan más sinceros que su programa, donde todo es «perfecto»?

R.R.: Mi programa es natural. Son mis pacientes y no tengo que preguntarles si quieren salir en TV, porque en Hollywood todos quieren estar en televión, ante 360 millones de espectadores, en 120 países. Mi programa es una maduración del género porque muestra lo que ocurre en el mundo del quirófano, del médico, de su familia, etc.


P.:
Pero mucho de lo que se muestra respecto de su mundo íntimo, está claramente armado.

R.R.: Ningún reality es 100% realidad, todos tienen ingerencia de los productores. Por ejemplo, en un programa se vio que yo faltaba al cumpleaños de mi hija para no perderme mi clase de yoga pero eso me lo pidieron los productores. O cuando hago llamados insistentes a mi familia, tampoco son verdaderos.


P.:
¿Fomentaría en sus hijos la cirugía estética?

R.R.: Sí, por qué no, pero sin abusar. Por ejemplo, no le haría a mi hija los senos a los 15 ó 16 años, como veo que se hace en la Argentina, pues el seno a esa edad no está desarrollado. Pero por ejemplo, si tuviera las orejas sobresalidas, la operaría a los 5 años para evitarle las bromas crueles de los compañeros en la escuela.


P.:
En materia televisiva, ¿qué vendrá después de los reality de cirugías?

R.R.: Infelizmente la cirugía plástica, como realidad, está aquí para quedarse. Será el género que continúe. Hay presión por la apariencia en todas las industrias, cuanto más bello, más oportunidades.


P.:
¿Por qué dice « infelizmente ha llegado para quedarse» si la cirugía lo ha hecho millonario?

R.R.: Sí, lo soy, pero algún día volveré a Brasil para devolver algo a mi país. Lo que hacemos por ahora es ayudar a gente pobre con cirugías estéticas. Digo «infelizmente» porque a menudo se ve que actrices o modelos se casan con doctores para que las operen, no es mi caso creo.


P.: En Argentina son más comunes los programas que denuncian mala praxis que los que muestran cirugías.

R.R.: Es que la mala praxis es moneda corriente en los países subdesarrollados. Por ejemplo, visité Centroamérica y me alarmé con el caso de una muchacha que quería hacerse un implante de pantorrillas. Acabó en lo de un médico que no tenía mucha idea de anatomía y terminó cortándole los nervios de las piernas. Llegó a Estados Unidos en silla de ruedas porque hubo que amputarle ambas piernas. Ese horror es común en países donde las leyes no son fuertes y cualquiera opera. Nada en el mundo es perfecto pero la cirugía debe ser perfecta. Como el piloto de avión, que no puede tener un día malo, un cirujano tampoco.


Entrevista de Carolina Liponetzky

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