7 de septiembre 2006 - 00:00

"A traves de tus ojos"

En uno de sus mejores trabajos para el cine, Pepe Soriano lleva al espectador de la risa al ahogo en la algo despareja pero fuerte y bien pensada «A través de tus ojos».
En uno de sus mejores trabajos para el cine, Pepe Soriano lleva al espectador de la risa al ahogo en la algo despareja pero fuerte y bien pensada «A través de tus ojos».
«A través de tus ojos» (Argentina, 2006, habl. en español e inglés).Dir.: R. Furth. Guión: L. Puenzo, L. D'Agostino. Int.: P. Soriano, A. Aizenberg, M. Dubuch, T. López, M. A. Porro, J. Clemenceau, S. Rodríguez.

No es exageración decir que éste es uno de los mejores trabajos que Pepe Soriano haya hecho para el cine. Un trabajo puntilloso, de desarrollo milimétrico, sobre un personaje difícil, que provoca ternura, piedad, lástima, angustia, admiración, y que, cuidadosamente, nos lleva desde la risa hasta el ahogo. No el llanto, sino el ahogo, que es la sensación última que logra, en el último momento del último plano, dejándonos un súbito nudo en la garganta, y batiendo palmas.

Se trata del personaje de un hombre ya grande, al borde de la senilidad, que, sin saber inglés, acompaña de paseo a Nueva York a su querida, enfermiza, y terca esposa, papel donde se luce Adriana Aisenberg. Ella está formidable, pero, por razones argumentales, la mayor aflicción del espectador va para ese infeliz, que Soriano compone prácticamente sin recursos exteriores, de modo despojado, interno, transmitiendo poderosamente, a veces apenas con la sola expresión de sus ojos, cómo el otro ve todo a través de los ojos de la esposa, cómo ella para él es el mundo entero, y la desorientación y también la firme determinación que le agarran cuando ella, por determinadas circunstancias, no puede guiarlo.

La historia, algo irregular pero fuerte y bien pensada, se ubica en un momento en que la familia, la empresa familiar, y el país, hacen agua por más que los personajes lo nieguen. Todo empieza de modo gracioso, como un sainete medio sardónico (¿recuerda el lector cuando pocos meses atrás los pasajeros debían llegar caminando hasta Ezeiza?). Y se va poniendoduro. Bien duro. Obliga a pensar y sentir algunas cosas graves, sobre todo si uno tiene cierta edad, o parientes de cierta edad. Y luego, mediante una singular aventura, en el último plano, ya lo dijimos, aprieta el cuello, igual que las grandes comedias a la italiana de otros tiempos.

E igual que hacían los italianos, esta película se filmó en locaciones reales, para el caso en ciertos lugares reales de Queens y Coney Island que no suelen aparecer en las guías turísticas, pero donde viven tantos inmigrantes, varios de los cuales, connacionales nuestros, chantas, solidarios, ilegales, optimistas, participan gustosamente en unas cuantas escenas. Ellos también contribuyen a la emoción, y al final, cuando los vemos con los rostros alegres durante los créditos finales, mostrando que mientras haya vida uno puede arreglarse, nos distienden un poco. Buen trabajo, riesgoso y bien hecho, del director Rodrigo Furth. Hace respirar hondo, pero vale la pena.

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