13 de agosto 2001 - 00:00

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Bergara Leumann.
Bergara Leumann.
(13/08/2001) El 16 de agosto, el Banco Ciudad remata una extensa colección de arte argentino y los precios de base son decididamente bajos. Una acuarela de Guillermo Roux, 8.000 pesos; un óleo de Raúl Soldi, 3.500; una escultura de bronce de Líbero Badií, 2.000; un gofrado de Berni, 2.500; un estupendo óleo de Guzmán Loza, 3.000, y con cotizaciones de este tenor figuran obras de Heredia, Basaldúa, Gorriarena, Carlos Alonso, Lacámera, Kosice, del Prete, Castagnino, Forner, Victorica, Mena y Spilimbergo. Hay una sola excepción: una técnica mixta de Antonio Seguí cuya base asciende a 30.000 pesos. Lo cierto es que quienes disponen de dine-ro y ánimo suficiente para comprar arte, pueden ahora formar una buena colección sin gastar una fortuna.

En la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, Silvia Rivas exhibe sus videos con un impactante despliegue tecnológico. Ganadora de la Beca Guggenheim, Rivas trabaja sobre el tiempo. Proyecta enormes imágenes de ríos y mares que fluyen, y de agua sobre la cual llueve, en las paredes y el piso de la sala, provocando un efecto envolvente, que se acentúa con el sonido. Así, el espectador se siente literalmente sumergido en la obra. Ajena a las contingencias, Rivas explora el tiempo de un modo casi filosófico que de inmediato remite a Heráclito. La imagen más fuerte es la de un edificio atravesado por un río sobre el que se superpone un círculo negro, un símbolo del tiempo detenido que crea la idea del vacío.

La semana pasada, Eduardo Bergara Leumann inauguró la sala Marcelo de Readder en la más genuina «instalación» porteña, La Botica del Angel. La institución fue declarada recientemente de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad, y turístico por la Secretaría de Turismo de la Nación (nominaciones que no implican más que honores y no una reducción impositiva, como en otras ciudades del mundo). En el acto estuvo toda la familia del fundador del prestigioso Premio a la Joven Pintura y del Instituto de Arte Moderno. Se elogió el espíritu preservacionista de Bergara Leumann, quien rescató las columnas de la vieja casona de la Avenida Alvear y Parera, derrumbada por el arquitecto Mario Roberto Alvarez para levantar una de sus torres. Se comentó la paradoja de que Alvarez, conocido autor del teatro San Martín y la mezquita de Palermo, es quien asesora sobre el cuidado del patrimonio urbano a la Academia Nacional de Bellas Artes, pese a que también tiró abajo el estupendo edificio del Banco Español.

Bergara Leumann aseguró que en la década del cincuenta no había en París fiestas tan rumbosas como las de De Readder, y contó sobre las maravillosas exposiciones que organizó el coleccionista, donde figuraban obras de Kandinsky, Vasarely, Robert y Sonia Delaunay, Kupka, Arp o Picabia, entre otros grandes vanguardistas. En la Botica no figuran las obras pero sí se conservan los catálogos, e incluso una crítica periodística de Eduardo Maglione quien refiriéndose a estos artistas, escribe: «Es una muestra de obras abstractas, algunas, carentes de significado».

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