27 de septiembre 2004 - 00:00

Actualidad en San Pablo

• Como si lo hubieran planeado para hacer lucir el arte de Brasil y de los 62 países que integran la Bienal, el jueves pasado en la bella sede de la Pinacoteca paulista presentaron el último film del estadounidense Mathew Barney, que ganó fama el año pasado, cuando el Guggenheim de Nueva York montó una enorme muestra que ocupó todo el Museo para presentar su obra. Filmada durante el carnaval de Recife, la película destaca los rasgos sórdidos y primitivos, muestra un país triste, brutal y carente de atractivos. Como es obvio, Barney fue rechazado por los artistas y los operadores culturales brasileños.

• También en el Parque Ibirapuera, en el edificio de la Oca, Edemar Cid Ferreira, presidente del Banco Santos y de Brasil Connects, presenta «Fashion Passion-One Hundred Years of Fashion», con 150 esplendorosas creaciones de la moda, que incluyen un vestido de Eva Perón. Parienta vanidosa de las artes, la moda actual de algunos diseñadores brasileños ha pasado a ocupar un lugar importante entre las exportaciones de alto valor agregado, sobre todo a Rusia. Por esta razón la delegación de coleccionista de arte rusos son invitados de honor en esta Bienal. Cid Ferreira fue uno de los primeros empresarios que sin reticencias señaló que «el arte abre toda las puertas y favorece no sólo los negocios, sino que también contribuye a cambiar la imagen del país». Su teoría se basa en que «los extrajeros ven las tremendas desigualdades sociales, los bolsones de pobreza y la violencia, pero cuando conocen el talento de sus artistas e intelectuales, la imagen cambia, y esto incide en la baja del riesgo país.

• Sobre la actual Ley Rouanet de mecenazgo o beneficio fiscal a los patrocinantes de la cultura, el motor que impulsó poderosas inversiones privadas en el arte, las opiniones se dividen, pero nadie quiere derogarla, sino mejorarla. El problema actual es que existen instituciones privadas «ricas» que han creado sus propios proyectos culturales, al costo de dejar de patrocinar a los museos públicos que ahora son «pobres». El presupuesto del Centro Cultural Banco do Brasil supera los 11 millones de reales, mientras el del Museo de Bellas Artes de Rio (17.000 metros que albergan un patrimonio de 17.000 obras) es de apenas 1,5 millones.

• Las fiestas dedicadas a la Bienal comenzaron el miércoles pasado en Rio de Janeiro (ciudad que lucha por ganar espacio para el arte ante el predominio paulista), en la casa racionalista de Frances Reynolds ubicada sobre la playa de Ipanema. Al almuerzo llegaron coleccionistas de todo el mundo y también de Rusia, además del suizo Sam Keller, director de Art Basel,la primera feria global que en estos días promociona su nueva sede en Miami. Keller y su mano derecha, la española Isabella Mora, se disponen a viajar desde aquí a Buenos Aires, esta vez con el firme propósito de conectarse con la energía de la movida cultural porteña y conocer la diversidad de las producciones artísticas. Es que para su último viaje sólo visitaron la galería de Ruth Benzacar, el Malba y Boquitas Pintadas.

• Jacques Leenhardt, presidente de honor de la Asociaci n Internacional de Críticos de Arte, también extraña Buenos Aires. Sucede que la Argentina es el único país que no participa del Seminario de la Crítica que se desarrolla en el marco de la Bienal. También la francesa Catherine David, curadora de la Documenta de Kassel, extraña, aunque no ha regresado desde fines de los '90, sigue el fenómeno de eclosión artística que se produjo a partir de diciembre de 2001.

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