Adelaida Negri hizo en el Xirgu una gran "Medea"

Espectáculos

«Medea», tragedia lírica de L. Cherubini. Con A. Negri, G. Marandino, L. López Linares, C. Layseca, V. Mautner y elenco. Regie: E. Casullo. Esc. y vest.: M. Daga y A. Polo. Coro y orq. dir.: G. Paganini. (Teatro M. Xirgu).

"Medea" es una de las tragedias más antiguas de la humanidad y ya aparece en fuentes de la mitología griega. Era un clásico cuando Eurípides estrenó su versión en el año 431 A.C., reduciendo a 2 los 14 hijos de la pareja anterior. En 1635 Corneille presentó en Francia su «Medea», pero basada en la pieza de Séneca.

Luigi Cherubini
, con su libretista Francois Benoit Hoffmann, tomó elementos dramáticos de sus antecesoras para conformar esta ópera en tres actos, con todos los ingredientes para ofrendar un gran espectáculo, y con tal peso sobre la protagonista que sobran los dedos de una mano para contar a las sopranos que pudieron con el papel, incluida María Callas.

Estrenada en París en 1797, la obra está adelantada en el tiempo: Beethoven tenía una sincera admiración por Cherubini, el florentino que triunfó en París, y Brahms dijo que en «Medea» está lo más elevado de la música dramática. El papel principal es uno de los más apasionantes de la literatura operística, y Adelaida Negri lo asumió con autoridad, insuflándolo de profundidad humana y psicológica, con un «pathos» que le dio dignidad a su convincente actuación, avalada por sus inagotables recursos vocales y resistencia física. Es de resaltar la mesura en un personaje cargado de odio y despecho, capaz de matar a sus hijos para vengar una humillante infidelidad, y hacerlo sin desbordes, con la intensidad del origen griego de esta tragedia.

No es ajeno a este buen resultado el trabajo de
Eduardo Casullo en una puesta en escena sobria y con acentuación en la gestualidad corporal así como movimientos armónicos de coreutas y personajes. Sobresaliente el barítono Leonardo López Linares en su autoritario Creonte; el tenor Gerardo Marandino reafirma sus excelentes recursos vocales y actorales; Vanesa Mautner se consagra como Neris, con especial lucimiento en el aria con fagot; Cecilia Layseca como Glance cumple su cometido.

Por el foso de la orquesta la cosa no fue tan buena, desajustes y desafinaciones en las cuerdas atentaron contra el esfuerzo del escenario, con el que no siempre hubo comunicación. Al director
Giorgio Paganini se le fue de las manos la Obertura, el preludio al segundo acto fue caótico, y no es una partitura compleja, pero parece ser que sus gestos grandilocuentes confunden a los músicos, que titubean en las entradas.

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