11 de octubre 2026 - 13:20

Adiós, amigos: Die Toten Hosen cerró su idilio argentino con una noche memorable en Buenos Aires

El quinteto alemán se despachó con más de 30 canciones ante un Movistar Arena repleto y rindió pleitesía al punk nacional con invitados locales. Fin a una historia de amor que se extendió por casi 35 años.

Die Toten Hosen le puso punto final a su aventura argentina.

Die Toten Hosen le puso punto final a su aventura argentina.

"Sos buchón, sos buchón". Dave Campino corre de un lado al otro del escenario. En el centro, Mosca Velázquez, histórico líder de 2', lo escolta. Suena uno de los himnos antipoliciales por excelencia. Son las once de la noche en el Movistar Arena y la sensación general es que nadie tiene muchas ganas de que el asunto se termine. Ni los músicos ni el público.

¿Cómo cinco hijos de un país eficiente y maquinal conquistaron una Nación austral que vive en el sentido contrario? ¿Qué alquimia hace que miles de personas hagan suyos estribillos en un idioma que no entienden y que por momentos hasta resulta chocante? Y al revés: ¿Qué tiene esta latitud austral y periférica para ser la tierra prometida de un grupo teutón que apenas puede compartir la lengua local?

Tres palabras sintetizan la faena: Die Toten Hosen.

El idilio argentino

Pasaron 34 años desde que los Hosen pusieron un pie en la ciudad de Buenos Aires. 1992 marcaba el calendario por entonces. Su debut fue en la discoteca Halley (hoy extinta), como laderos de Pilsen, la flamante formación que Enrique "Pil" Chalar fundó tras la separación de Los Violadores. Amor a primera vista. Desde entonces, los pantalones rotos, tal su nombre traducido, forjaron un idilio que los llevó a venir más de 15 veces, con momentos de alto vuelo, como el recital junto a Iggy Pop y los Ramones en 1996 y la tocada en pleno San Telmo en 2015.

Ese relicario de shows inolvidables, zapadas en la calle, desembarcos improvisados en boliches y, sobre todo, fútbol, asado y vino llegó a su fin este sábado a la noche, en una velada que sirvió en parte para despedir a los amigos alemanes y también para rendir pleitesía al punk rock argentino. En las casi dos horas de espectáculo desfilaron por el escenario Ciro Pertussi y Luciano Scaglione, de Attaque 77; Sergio Gramática, de Violadores, y el ya mencionado Mosca.

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Sonaron Donde las águilas se atreven, 1,2, ultraviolento, Represión y Ya no sos igual, parte un de setlist de 33 canciones, que incluyó dos bises. El convite deja una certeza: Die Toten Hosen se retira en un su prime, como dicen los pibes. La banda es ajustada: dos guitarras al frente, una base demencial que obliga a no correrse ni un compás y, como frutilla del postre, el factor campino, showman vieja escuela, demostrando que a la raza humana todavía le quedan algunas fichas por jugar en su cruzada contra la máquina.

Strom, Altes Fieber, Cokane in my brain, Liebeslied y hasta una versión desenfrenada de Should I Stay or should i go delinean la hoja de ruta salvaje de la noche. Bonnie & Clyde y Hier Kommt Alex, dos momentos canónicos de la noche, donde el grupo se agiganta para dar rienda suelta a su faceta hímnica. Reisefieber, perla de su disco debut, también se mete entre los puntos altos de la velada en Villa Crespo.

En esta ocasión, la visita de los alemanes incluyó recitales en Tandil y Rosario, además del cierre obligado en la ciudad de Buenos Aires, con entradas agotadas. Cuando el público argentino hace suyo algo, va hasta el final con eso. Bien lo saben, por ejemplo, los Rolling Stones, los Guns N' Roses y los extintos Ramones, tal vez los mayores exponentes de ser profetas lejos de su tierra. Precisamente fue el colapso de los cuatro muchachos de Queens lo que abrió el camino para que Die Toten Hosen llenarán el vacío del público punk vernáculo.

You'll never walk alone cierra la noche, una catarsis gigante y colectiva, futbolera, de abrazos, cerveza y sudor. Campino llora. La aventura llegó hasta acá. Se terminó. Quizás quede tiempo este fin de semana para alguna travesura más, una de esas que formaron parte del grupo en el capítulo argentino de su novela.

Fue hasta el amargo final. Despedir a amigos punks, leales y rebeldes, en un mundo que marcha inevitablemente hacia su destrucción es un pelotazo. Cuando la orfandad ramonera pegó en la cara del rock and roll argentino, aparecieron los Die Toten Hosen.

Pero ya tampoco están ellos.

¿Y ahora qué pasa, eh?

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