Anteanoche, un agasajo a Rubén Stella y Jorge Coscia con motivo de la autarquía del INCAA, organizado por la Federación de Productores de Cine, arrancó como un ágape ameno (pizzas a la parrilla, pastas o milanesitas con puré de calabaza y postre) pero se fue transformando al promediar la noche en un show de imprevistos, con pelea callejera incluída. La primera sorpresa la dio el propio Jorge Coscia, cuando avisó horas antes que se ausentaría por enfermedad.
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La segunda la trajo Stella, en una ronda que integraban Juan José Jusid, Carlos Mentasti y Pablo Bossi, entre otros. Les confesaba los entretelones de la firma del decreto que reestablece la autarquía del Instituto de Cine, protagonizados por un «europeizante» Roberto Lavagna y un «obediente» Eduardo Duhalde. Y para rematar la noche, una pelea en la calle entre Adrián Suar y Gastón Pauls y como broche de oro la repentina aparición de Marcela Tinayre y Marcos Gastaldi, quienes habían programado pasar una noche tranquila en uno de sus restaurantes favoritos, «Grappa» de El Salvador y Carranza, y al llegar se encontraron con todos los famosos y los paparazzi juntos.
Con predominancia claramente masculina, se contaban entre los productores y directores Marcelo Piñeyro, Alberto Lecchi, Pablo Bossi, Pablo Rovito, Luis Puenzo,Adrián Suar y Juan José Jusid, y entre los actores, Guillermo Francella, Gastón Pauls,Víctor Laplace y Ulises Dumont. Rubén Stella sumaba a esta última condición la de funcionario. Stella animó la charla con un grupo de cineastas y productores, a quiénes respondía eufórico el interrogante mayor: cómo se había destrabado el decreto.
Sin histrionismo, contó: «Yo venía peleando por esto y tuve varias reuniones con Duhalde hasta que el Presidente lo consultó con Lavagna y el Ministro dio el visto bueno de inmediato. Como Lavagna es un hombre que ha vivido muchos años en Europa y conoce el manejo de los presupuestos para la cultura en Francia, Alemania o Italia, accedió».
La euforia general no parecía reflejarse en el rostro de Adrián Suar. Despojado de su alianza matrimonial, la prensa se quejaba de sus respuestas cortantes que intentaban evadir preguntas respecto de la renovada Araceli González. Aunque el verdadero mal humor llegó junto con Gastón Pauls.
Es conocida la rivalidad entre ambos, desde que Pauls dijo públicamente que Suar maltrataba a sus actores y les pagaba sueldos mínimos. Con la llegada de Pauls, Suar no dejó de mirarlo de reojo y gesticular con molestia por su presencia, hasta que Pauls se sentó (lejos) a comer y lo ignoró todo el tiempo, pero ambos desaparecieron repentinamente cuando Suar llamó a Pauls a conversar, fuera del restaurante. Discutían en la calle efusivamente: a Suar se lo veía más calmo mientras que un exasperado Pauls le gritaba a la cara «a todos los cagás». Pero, cuando el productor vio venirse a la manada de fotógrafos, atinó a abrazar a Pauls, al menos para las cámaras. Pero el actor lo dejó pagando, cruzó la calle y arruinó la foto.
Sin embargo, como en una comedia italiana, cuando parecía que los sobresaltos habían acabado, llegaron más habitués al restaurant: Marcos Gastaldi, Marcela Tinayre y su hijo Ignacio Viale del Carril (no se hicieron ver en cambio Juanita, embarazada del hijo de Piero; ni Valeria Gastaldi, integrante de «Bandana», ni el pequeño Rocco). No bien pisaron el lugar, los atropellaron las cámaras pero la familia, azorada, no atinó a irse.
La resignada Tinayre se ocupó de entretener a los noteros con declaraciones sobre su futuro nieto mientras Gastaldi, en la otra punta del salón, maldecía por lo bajo y se negaba a hablar o ser fotografiado. El dueño del restaurante, compungido, intentaba apaciguarlo con cualquier frase: «Qué mala puntería, che, y eso que los martes suele ser un día tranquilo».
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