20 de octubre 2005 - 00:00

Agradable cruza de fábula y sátira social

Alex Etel y Lewis McGibbon, los hermanos con ideas muy distintas sobre qué hacer con lafortuna que les cae del cielo en «Millones», sorprendente giro en la filmografía del habitualmenteoscuro Danny Boyle.
Alex Etel y Lewis McGibbon, los hermanos con ideas muy distintas sobre qué hacer con la fortuna que les cae del cielo en «Millones», sorprendente giro en la filmografía del habitualmente oscuro Danny Boyle.
«Millones» (Millions, Gran Bretaña/EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: D. Boyle. Guión: F. Cottrell Boyce. Int.: A. Etel, L. McGibbon, J. Nesbitt, D. Donovan.

El cine ha contado infinidad de historias de gente que tiene la suerte de encontrar mucho dinero casi siempre sólo para pagarlo después con terribles tragedias («Una historia simple» y hasta la argentina «El desvío», sin ir más lejos y salvando las distancias, desde luego). El mismo Danny Boyle, director de «Millones», debutó con una historia de ésas en «Tumba al ras de la tierra», donde unos jóvenes conocen el infierno tras creerse inesperadamente millonarios. Desde esa película notable, el realizador británico mostró siempre predilección por asuntos oscuros y violentos, como bien ratificaron la feroz «Trainspotting» y otras obras más o meguionistanos logradas o directamente fallidas como «La playa» con Leonardo DiCaprio.

La sorpresa es que «Millones» parte de la misma idea que «Tumba...», pero para revelar en Boyle otro estilo y otras intenciones, amén de sorpresivas esperanzas en el género humano. Aquí el que se topa con un montón de plata (un cuarto de millón de libras para ser exactos) es Damian, un místico niño de siete años cuya madre acaba de morir. Como el bolso rebosante de billetes le cae literalmente del cielo, el candoroso Damian cree que se lo mandó Dios -o acaso su mamá- para ayudar a los pobres. Pero Anthony, su pragmático hermano de nueve no tiene la misma creencia, ni mucho menos. Para complicar las cosas, Gran Bretaña está justamente en tren de cambiar la libra por el euro, así que las decisiones urgen.

Mediante situaciones tiernas o ingeniosas, depende de cuál de los dos hermanos esté marcando el paso de la escena, el Frank Cottrell Boyce (el mismo de la estupenda «Hilary y Jackie») se mete certeramente en la lógica infantil, y Boyle lo acompaña con una cámara siempre a la altura de los ojos de los protagonistas. La elaborada puesta incluye cambios de color (y de temperatura), según se trate de las visiones místicas de Damian, de la realidad como la perciben los chicos o de la realidad misma. Esta última propicia que de repente aparezca un torvo personaje en algo así como una irrupción del Boyle «de siempre», bastante forzada, pero finalmente inofensiva para bien de la película.

Mezcla de fábula moral y sátira social, «Millones» es un relato agradable, con momentos realmente emotivos, apoyado en el encanto del pequeño Alex Etel (Damian), la creíble defachatez de Lewis McGibbon (Anthony) y, sobre todo, la habilidad de Boyle y su guionista para detenerse justo en el límite en que creemos que van a sumergirnos en almíbar.

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