7 de septiembre 2001 - 00:00

Ahora ya no hachan árboles, pero se enamoran de ovejas

Animalada.
"Animalada".
«Animalada» (Arg., 2000/1, habl. en esp.) Guión y dir.: S. Bizzio; Int.: C. Roffé, C. Banegas, C. Fal, W. Quiróz, P. Monje, R. Spregelburd, S. Bosco, J. Ortega.

En vísperas de su 29° aniversario de bodas, y a despecho de su controladora esposa (o quizá por eso mismo), un estanciero se enamora de una oveja. Blanquita, mansa, pasiva, incapaz de llevarle la contra; apasionado por ella, el hombre cometerá varios crímenes, y, sin el menor cargo de conciencia, dejará que su propia familia se destruya. Incluso dará una manito en ese sentido. Pero la naturaleza, ya se sabe, sigue su curso...

Sobre zoofilia como tema central de un film, y sin caer en los pornos, hay apenas un antecedente, una cinta belga que a comienzos de los '70 se presentó en Cannes, sobre un tipo enloquecido por una chanchita (y encima el director y protagonista anduvo por Cannes con la chancha bajo el brazo). Y está también, por supuesto, un recordado esquicio de Woody Allen, protagonizado por Gene Wilder, con su pelo lanudo y sus ojos saltones, en sintonía, precisamente, con una oveja. De guarnición, podrían ponerse unas cuantas escenas de diversas películas, incluyendo la ovejita cariñosa del argentino «Invierno, mala vida», pero, hay que reconocerlo, esto de «Animalada» es original, lo cual no significa que sea bueno.

Con tono mordaz, pero perdiendo ritmo hacia el final y unas cuantas oportunidades en el total, la obra es una mezcla de resabios teatrales, humor negro, montaje con inserts a veces ingeniosos, parodias de diverso alcance, elenco de estilo adecuado (a destacar, Carlos Roffé, al fin protagonista), personajes sabrosos (especialmente el de la mujer, a cargo de Cristina Banegas, con su cajita para dormir y sus etapas de pintora aficionada), algunos diálogos bien armados, varias burlas fáciles a la religión y el buen gusto, escenas de terror junto a un inesperado clip romántico, cuestionables «soluciones» lumínicas en ciertas escenas, y (algo verdaderamente imperdonable, que echa todo a perder) una resolución alargada, sin pies ni cabeza.

Eso sí, el balido de muerte final está bien, y el conjunto tiene un buen remate, con un chiste que alude, como quien se muerde la cola, al público que concurre a los centros culturales under de donde emerge este tipo de ideas asquerosas, y que es, probablemente, el que mejor pueda disfrutar de la película.

Dejá tu comentario

Te puede interesar