9 de mayo 2005 - 00:00

Algo más que un western

«Yo soy la revolución» (¿Quién sabe?/ A Bullet for the General, Italia, 1966). Dir.: D. Damiani. Int.: G.M. Volonté, K. Kinski, L. Castel, M. Beswick, A. Checchi.

Los expertos en spaghetti-westerns aseguran que éste es uno de lo mejores exponentes del género hoy más cotizado, y por lo tanto denominado «euro-western». De hecho, hay que reconocer que un tema político nunca se había insertado de un modo tan claro y específico en ningún western -incluyendo los de Hollywood-, mucho menos con la típica visión irónica y siniestra del mundo de los films de Sergio Leone, en los que ya habían aparecido Volonté y Kinski. No hay que extrañarse: el guionista Franco Solinas tiene entre sus créditos clásicos del cine político como «La batalla de Argelia», «Queimada» y «Estado de sitio». Aunque eventualmente se la podía pescar en algún canal de cable, ver esta película sin el formato de pantalla ancha original y en una copia que no haga honor a la brillante fotografía de Antonio Secchi (todo un especialista en filmar westerns en Almería, a veces bajo el seudónimo de Tony Dry) hacía imposible detenerse a admirar las cualidades de esta inteligente y divertidísima película. Editada en VHS como parte de una colección de films del género, las andanzas de Chucho, un bandido que roba armas para venderle a los rebeldes, sin preocuparse por los muertos que caen alrededor, se pueden apreciar como en los lejanos años '60 en un cine de barrio. La película está hablada en español, lo que puede lucir raro, pero no tiene nada objetable si se tiene en cuenta que la mitad del elenco era hispanohablante y las versiones en español de estos films eran tan o más originales que las italianas o las dobladas al inglés. Por último, la música de Luis Bacalov y Ennio Morricone bastaría por sí sola para justificar «Yo soy la revolución».

D.C.

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