31 de mayo 2004 - 00:00

Alonso, igual que Rembrandt, explora el tema de la carne

«Estanciero», 1972, una de las obras cargadas de fuerte tono político que integran la muestra de Carlos Alonso, al mismo tiempo, un recorrido por la historia del arte y de la literatura.
«Estanciero», 1972, una de las obras cargadas de fuerte tono político que integran la muestra de Carlos Alonso, al mismo tiempo, un recorrido por la historia del arte y de la literatura.
Si bien la muestra «Hay que comer», que Carlos Alonso exhibe en estos días en el MUNTREF, el Museo de la Universidad Nacional Tres de Febrero, tiene un fuerte tono político arraigado al convulsionado devenir argentino, el artista pasea por la historia del arte y la literatura con la soltura que mayormente lo caracteriza. En esta ocasión el tema de Alonso es la carne, y comienza por visitar a Rembrandt, quien al promediar el siglo XVII pintó «Bueyes» y «La res», unas enormes naturalezas muertas cargadas de dramatismo que hoy se encuentran en el Museo del Louvre y muestran los vientres de los animales abiertos en canal.

Sin embargo, las reses carneadas de Alonso, producto generador de riqueza por excelencia en Argentina, están inexorablemente acompañadas por figuras humanas, cuyas características van desde una obscena ostentación del poder y el dinero, hasta la degradación de unas formas femeninas que se asimilan al concepto de ganado. El artista llega incluso a sustituir la carne vacuna por la humana, a pintarla descuartizada y colgada de un gancho como de matarife.

La muestra, curada por el crítico Alberto Giúdice, recupera pinturas, dibujos y grabados de las décadas del '60 y el '70, años dolorosos estos últimos para Alonso, que tiene una hija desaparecida y se vio obligado a vivir una temporada en el exilio. Justamente, en el catálogo, el curador cuenta que en 1976 e instalado en Roma, Alonso pinta una vista aérea de «la manzana loca» que divisaba desde su taller de Paraguay y Esmeralda, y que a este significativo paisaje porteño le sobrepone la palabra «Fin», título que le adjudica a la obra.

La brutalidad de la mayor parte de las imágenes tiene que ver con la violencia de nuestra historia, que presenta expresiones tardías en las artes plásticas. Se debe tener en cuenta que el tono apacible de las primeras pinturas iconográficas de Carlos Morel o Prilidiano Pueyrredón, no se condice ni con la realidad, ni con textos como el «Facundo» de Sarmiento o «El Matadero» de Esteban Echeverría. Recién en la segunda mitad del siglo XX, artistas como Alonso comienzan a reflejar de modo explícito la violencia.

• Precisión

La dura faena de un Alonso, que maneja los pinceles con precisión quirúrgica, tiene en esta ocasión el carácter de un documento, deja a la vista la labilidad de las víctimas humanas,los sacrificios que se les exigen, y el hambre. Nacido en Mendoza en 1929, Alonso fue alumno de Lino Enea Spilimbergo, y dedica gran parte de su producción a homenajear la pintura de De la Cárcova, Courbet, Rendir, Manet o Van Gogh. Pero con su capacidad de asimilación reelabora sus obras y las convierte en un producto propio, que utiliza para decir lo suyo.

En suma, se trata de una muestra que no ha perdido actualidad y que más allá del discurso político -hoy tan de moda en el arte-, sutura épocas y estilos a través de los siglos, para tratar un tema que está desgraciadamente vigente: el hambre y las circunstancias que lo determinan.

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