22 de junio 2004 - 00:00

Alvarado: como un "tute cabrero" entre payasos

Ana Alvarado: «¿Qué pasa con la vida del artista cuando deja de ser demandado por el público? Aquí la cuestión está localizada en unos payasos».
Ana Alvarado: «¿Qué pasa con la vida del artista cuando deja de ser demandado por el público? Aquí la cuestión está localizada en unos payasos».
La directora Ana Alvarado, integrante del Periférico de objetos, fue convocada para dirigir «Se necesita un payaso», primera obra de Matei Visniec (1956) que se ve en el país. Visniec es el dramaturgo más representado de Rumania luego de la caída del régimen comunista de Nicolae Ceaucescu que lo llevó al exilio. Es de nacionalidad francesa y vive en París desde 1987, lo que ha contribuido enormemente a la difusión de su obra por toda Europa.

«Se necesita un payaso»
(junto con «La mujer como campo de batalla» y «Caballos en la ventana» son sus obras más difundidas), se está ofreciendo los viernes y sábados a las 20 en el Centro Cultural de la Cooperación, con Enrique Federman, Claudio Martínez Bel y Héctor Malamud en los protagónicos. Alvarado tiene un año intenso, porque también acaba de estrenar «La chira, el lugar donde conocí el miedo» de Ana Longoni, en el Teatro del Abasto.

Periodista:
¿»Se busca un payaso» es una obra para todo público?

Ana Alvarado: No. La verdad es que quisimos cambiarle el título para que la gente no crea que se trata de un espectáculo infantil, pero no encontramos otro mejor.


P.:
Para sumar más confusión, Enrique Federman y Claudio Martínez Bel, dos de sus actores, también están trabajando en «Cosas de payasos», que sí es un espectáculo infantil.

A.A.: Yo les hago bromas todo el tiempo con eso. Les digo que estamos haciendo la parte cuatro de «Cosas de payasos». Ahí ellos interpretan a un padre que le enseña el oficio a su pequeño hijo, mientras que en esta obra los dos están a punto de jubilarse. Nos falta encontrar las partes dos y tres
.

P.:
Tampoco se trata de la típica obra de clowns...

A.A.: No. Es una obra de payasos, ya viejos y decadentes, que han perdido su espacio en los circos tradicionales y que ahora se presentan a una especie de casting, vestidos de traje y a cara lavada. Nosotros jugamos con la idea de que ése es el último trabajo de payaso que va a aparecer. La acción transcurre en la sala de espera de la oficina donde supuestamente los van a contratar. Recién sobre el final, esa puerta se abre revelando una dimensión aun más terrible que el fantasma del desempleo. Hay mucha tensión entre ellos porque todos aspiran al mismo puesto.

P.: Parece una especie de «Tute cabrero» con payasos. En la obra de Roberto Cossa son tres oficinistas los que se sacan chispas para no perder su empleo.

A.A.: ¡Qué casualidad! Hace poco vi por televisión la película que hizo Juan José Jusid en 1968 y pensé que la pieza de Visniec tiene algo de esa tensión que se genera entre ellos tres, pero el desenlace de «Se busca un payaso» tiene una proyección más... existencialista.


P.:
¿No aparece ningún rasgo de humor?

A.A.: Sí, el público tiene oportunidad de reírse en varios momentos, por ejemplo cuando cada payaso evoca sus viejas rutinas o su vida en el circo. Pero, la verdad es que el meollo de la cuestión no es nada gracioso porque tiene que ver con el desempleo. ¿Qué pasa con la vida del artista cuando deja de ser demandado por el público? Aquí la cuestión está localizada en unos payasos pero esto puede sucederle a cualquier artista del espectáculo que depende del aplauso del público para vivir y que cuando nadie lo convoca se vuelve descartable.


P.:
En «Los débiles» usted trabajó con un actor enano ¿Fue él quien la acercó al tema del circo?

A.A.: El me contó muchas cosas del circo y a lo mejor fue por eso que me interesó dirigir la obra, no sé. Después, para la puesta, hablé mucho con el actor Marcos Gómez que también pertenece a una gran familia circense. La primera fantasía que me despertó la obra es qué habrá sido de la vida de aquellos artistas de la Unión Soviética cuando ésta se disolvió. Estaban subvencionados por el Estado, como los integrantes del Circo de Moscú, y ahora vaya a saber a dónde habrán ido a parar.


P.:
Cuente un poco de «La Chira...», su otro estreno.

A.A.: Es un texto poético y fragmentario que habla de los hijos en el exilio. Mi puesta es muy melancólica.


Entrevista de Patricia Espinosa

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