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Coetzee no es un lector condescendiente, esta antología de sus criticas literarias lo muestra con creces. Comentando a Salman Rushdie o a Jorge Luis Borges, a Doris Lessing o Thomas Stern Eliot, el Premio Nobel sudafricano puede permitirse algunas tolerancias, la oculta ironía de hacerse el ingenuo, destacar logros y aciertos, pero es implacable al marcar incongruencias, defectos estructurales, problemas estilísticos o ideológicos. Coetzee observa que la tentativa del escritor es fabricarse una nueva identidad, pero no deja de mostrar indignación por la forma en que lo hizo otro Premio Nobel, T.S. Eliot, poeta y dramaturgo de origen norteamericano, que se reinventó inglés y católico, en una « empresa esencialmente mágica de un hombre que intenta redefinir el mundo que le rodea antes que afrontar la realidad de una posición de no tanta grandeza». Es desde ese desembarco de Eliot yendo de costas extrañas a la «metrópoli eterna», o en otros el mantenerse en los bordes y enriquecerse de vivir en la periferia, que va a cuestionar o elogiar.
Su lectura de los diarios de Doris Lessing le sirve para mostrar la «ceguera ideológica». La amarga confesión de la novelista sudafricana nacida en Persia, que se avergüenza de haberse hecho comunista en Londres, un acto «imperdonable» y llega a decir «Stalin era mil veces peor que Hitler», hace que Coetzee comente: «Si se ha investigado a Heidegger y Paul De Man por el apoyo que prestaron al nazismo, ¿qué ha de hacerse con los intelectuales que apoyaron a Stalin o al sistema estalinista, a los que prefirieron creer las mentiras soviéticas antes que las pruebas que tenían ante sus ojos? Lessing ejercita su conciencia moral sobre una cuestión de gran calado, que lleva aparejada una segunda cuestión, igualmente perturbadora: ¿por qué esto ya no le importa a nadie?».
Graduado en Letras y Matemática, doctor en Lingüística y germanística, doctorado con una tesis sobre Samuel Beckett, narrador profundamente innovador, traductor de extenso oficio, Coetzee ejerce la critica literaria desde mucho antes que comenzara ha hablarse de el como fuerte candidato al Nobel. Muchos de los textos que aparecen en esta edición fueron publicados originalmente como comentarios en «The New York Review of Books». Recorrer éstas 26 «Costas extrañas» es saber de su sorprendente explicación de su admiración por «Robinson Crusoe», ver como se sirve de comparar a Nadine Gordimeer con Turgeniev para mostrar la tensión entre liberales y revolucionarios rusos del siglo XIX y como algo semejante fue vivido por la escritora en Sudáfrica, se opone a quienes consideran una obra maestra a «El hombre sin atributos» de Robert Musil y proclama que su lectura #siempre será una experiencia insatisfactoria» y que se llega « a la última de sus 1.600 páginas en un estado de confusión e incluso de confusión», comenta que Salman Rushdie es un escritor ambicioso que realiza obras a gran escala pero sus «estructuras son cualquier cosa menos sólidas», explica como en Borges «el pretexto filosófico se pliega a la necesidad narrativa como un partida de ajedrez en la que el lector estuviese siempre un movimiento por detrás del autor». Coetzze no sólo es un maestro indiscutible de la narrativa, también lo es de la crítica literaria, «uno de los instrumentos de la astucia de la historia», según él la define.
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