Aunque técnica y estéticamente impecable, el show de Arnaldo Antúnes -excesivamente intelectual y repetitivo-, no terminó de enganchar al público.
Presentación de «Saiba». Arnaldo Antúnes (voz), R. Ferreira (guitarra), A. Henrique (bajo), F. Salem (guitarra), L. Albuquerque (batería) y M. Effori (percusión). (Teatro Gran Rex, 24/9.)
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Arnaldo Antúnes llegó nuevamente a la Argentina -había estado a fines de los '90- con el bagaje de haber integrado el grupo Tribalistas, junto a Marisa Monte y Carlinhos Brown, y el rockero Titas, banda fundamental en el ambiente brasileño de los '80. Y aunque ahora sus tiempos son otros, y aunque muchos fueron a ver y escuchar al Antúnes «tribalista», el músico prefirió apelar a su pasado con el rock y mezclarlo con textos densos, con experimentaciones tecnológicas algo pasadas de moda y con poco, muy poco, de los ritmos y las sonoridades de su país. Con su más reciente disco «Saiba» por presentar, armó un repertorio en el que hubo varios temas del álbum: «Pedido de casamento», «Se assim quiser», «Saiba», «A nossa casa», «Consumado»; pero hubo también mucho de otras etapas de su carrera. La estética del show, en general, circuló por lo intelectual, con ritmos marcados, movimientos escénicos estudiados y mucha declaración de principios en las letras de las canciones. Pero a pesar de la base rockera que sobrevoló todo el concierto, lo suyo se fue haciendo monótono, conocido, repetido; con poco espacio para la sensibilidad o, en todo caso, con la intención de apelar a lo sensible a través de la comprensión y de cierta distancia con el público -que nunca terminó de engancharse del todo con el espectáculo-. Por lo demás, y más allá de todo eso, el concierto fue impecable en lo técnico: con una banda de formación rockera que fue siempre ajustada, con una absoluta coherencia a lo largo de todo el show, con un vestuario y una escenografía que se sumaron a la propuesta y con luces que trabajaron en la misma dirección. R.S. Informate más
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