20 de mayo 2005 - 00:00

Aplaude Cannes el regreso de Wenders a su mejor cine

SamShepard,guionista yprotagonista,y WimWenders,ayer enCannes,dondepresentaron«No llamen ala puerta».
Sam Shepard, guionista y protagonista, y Wim Wenders, ayer en Cannes, donde presentaron «No llamen a la puerta».
Cannes (Ansa y Reuters) -El director alemán Wim Wenders presentó ayer su nuevo film «Don't Come Knocking» («No llamen a la puerta») en el Festival de Cannes. El film representa su reencuentro con el guionista (y aquí también protagonista) Sam Shepard, con quien realizó en 1984 el film ganador en este festival «París Texas» (en realidad, una de las últimas buenas películas de Wenders, quien después de «Las alas del deseo», a fines de esa década, no volvió a encontrarse con el buen cine.

Hacía tiempo que la vena creativa de Wenders parecía haberse agotado, con la excepción de sus documentales musicales «Buena Vista Social Club» y «The Soul of a Man». Ahora, gracias a un guión típico de Shepard, donde un hombre busca reponerse de una vida disipada junto a un amor de juventud y a dos hijos de los que ignoraba la existencia, Wenders vuelve a un nuevo capítulo de sus exploraciones del alma. En rigor, algunos críticos le han reprochado a «No llamen a la puerta» un excesivo parecido con «París Texas».

El film es la historia de Howard Spence (Sam Shepard), veterano cowboy del cine, que en medio de un rodaje se aleja con su caballo por el paisaje lunar del Monument Valley (típico del cine de John Ford), para escapar de un pasado sombrío de mujeres, alcohol y droga. Su madre, Eva Marie Saint (gloriosa reaparición en la pantalla de la actriz de «Nido de ratas» e «Intriga internacional» de Alfred Hitchcock), a la que no ve desde hace 20 años, le anuncia que por esa época una mujer le aseguró haber tenido un hijo suyo y Howard parte en su búsqueda, ignorando que tras sus huellas lo sigue un empleado del seguro (Tim Roth), quien debe traerlo de vuelta al rodaje.

En la polvorienta ciudad de provincia en la que vive su antigua amante (Jessica Lange, esposa de Shepard en la vida real) y su hijo Earl, lo espera otra hija ignorada que todavía lleva a cuestas la urna con las cenizas de su madre.

Wenders declaró en Cannes que tardó cinco años para realizar este film -que llegó aquí como tantos suyos, desde el laboratorio, sobre el filo de la apertura-, pero que valió la pena esperar. El director compite por séptima vez por la Palma de Oro, que obtuvo -como se dijo antes- en 1984. «He peleado esta batalla siete veces. Al mismo tiempo es una diversión que se vuelve adictiva como una droga, pero estoy contento de competir este año con gente como Jim Jarmusch o Amos Gitai y, no como la vez pasada, que salí derrotado por 'Shrek' y por 'Fahrenheit 9/11'», ironizó.

Completando el grupo de grandes cineastas que este año coincidieron en Cannes, el israelí Amos Gitai agregó ayer un capítulo más a su densa obra sobre la difícil convivencia de judíos y árabes en Medio Oriente. Gitai ambientó en el estrecho espacio de un automóvil el drama racial, social y político de dos comunidades forzadas a vivir juntas. En él atraviesan la frontera israelí-jordana para ir a la «Zona libre» ( título del film), donde la gente de la región hace sus negocios más o menos turbios, una judía y una cristiana, pero hija de judío, a las que al final del periplo se les une una palestina.

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