25 de abril 2008 - 00:00

Apunta a los sentidos bello show acuático

Waterwall» puede defraudar a quienes esperen una novedosa expresiónde danza y acrobacia, pero subyuga con sus imágenes, empezandopor unos 17 mil litros de agua cayendo en cascada.
Waterwall» puede defraudar a quienes esperen una novedosa expresión de danza y acrobacia, pero subyuga con sus imágenes, empezando por unos 17 mil litros de agua cayendo en cascada.
«Waterwall» por la Compañía Materiali Resistenti Dance Factory. Dir.: I. Manzoni. (Teatro Opera.)

El espectáculo se inicia con un grupo de operarios abocados a soldar una gran estructura metálica que domina todo el escenario, pero una vez que éstos han terminado su tarea, los caños comienzan a gotear anunciando una posible catástrofe.

Cuando un elemento tan destructivo como el agua (unos 17 mil litros cayendo en cascada) amenaza con invadir las instalaciones de un teatro, resulta inevitable que el público experimente una mezcla de temor y fascinación. Mientras los espectadores de la primera fila dudan en abandonar o no sus butacas, ante el aparente riesgo de quedar empapados, el resto del público observa con deleite la aparición de una amplia cortina de agua en la que se sumergirán catorce bailarines y acróbatas.

Los integrantes de Materiali Resistenti Dance Factory realizan una enérgica performance que nunca pierde su espíritu lúdico. Trepan, se balancean con arneses y efectúan diversas acrobacias; pero ante todo bailan, dentro y fuera de esta pared líquida, exhibiendo una notable plasticidad.

Las coreografías de Iván Manzo ni no ofrecen figuras de particular atractivo, de manera que al promediar el espectáculo tienden a quedar relegadas a un segundo plano. Más que la danza en sí, impactan las variadas texturas y colores que refleja el agua al golpear el cuerpo de los bailarines bajo distintas condiciones lumínicas.

En «Waterwall» no hay ninguna pretensión de teatralidad. De tanto en tanto se detectan algunas situaciones relacionadas con el deporte (surf, natación, buceo, remo) y otras que tienen que ver con luchas, encuentros sexuales o con el placer de deslizarse por un medio líquido (o una superficie resbaladiza) como un juego más.

Los que pretendan ver en «Waterwall» una novedosa expresión de danza y acrobacia, pueden sentirse algo defraudados. Por más que el espectáculo apunte a emociones muy básicas e inaprensibles -también mediante el uso de música electrónica y de un llamativo diseño de luces-no logra estimular la energía del espectador ni llega a interactuar con él (salvo por alguna que otra salpicadura) como lo haría el grupo De la Guarda. Pero también hay que tener en cuenta que el público de «Waterwall» debe permanecer sentado durante toda la función. Por lo tanto, el objetivo es que se relaje y que disfrute -casi en estado de trance-de las subyugantes imágenes que ofrece este show acuático.

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