9 de marzo 2001 - 00:00

"Aristófanes usó el sexo como metáfora"

Ricardo Sverdlick.
Ricardo Sverdlick.
Una nueva versión de «Lisístrata» acaba de estrenarse en el Teatro Del Sur (Venezuela 2.255) dirigida por Ricardo Sverdlick. El director decidió montar esta picante comedia antibélica escrita por Aristófanes hace 2.412 años, asombrado por la lozanía de un texto que aún sigue provocando escozor entre los espíritus delicados.

En plena guerra del Peloponeso, un grupo de mujeres lideradas por la astuta Lisístrata tiene la audacia de organizar una huelga de sexo con el fin de que sus maridos dejen de guerrear. Sverdlick adaptó el texto de Aristófanes junto con Marifé Perales con la supervisión dramatúrgica de Mauricio Kartún. A esto se sumó un trabajo de investigación que involucró a todo el elenco, coordinado por Leandro Finkler, un experto en cultura griega clásica. Integran el elenco Gabriel Kraisman, Débora Heler, Mariano Fabricante, Miguel Rausch, Marifé Perales, Estela Pérez Celar, Mariano Singeresky, Vesna Stegnar, Silvina Sznajder y Nicolás Kelo, y las funciones son los sábados a las 23.

Periodista: ¿Qué novedades aporta su versión?


Ricardo Sverdlick:
La adaptación que hicimos es la siguiente: hay un elenco de teatro itinerante llamado Parábasis, que realmente existió y dio funciones durante la guerra del Peloponeso. En la obra, éste reúne a las mujeres de las principales partes en conflicto, dispuestas a llevar la paz a todos los rincones de Grecia representando la comedia «Lisístrata». Esta es la idea romántica que las alienta, pero cuando empiezan a convivir, no les va tan bien. Hay fricciones y peleas que provocan la deserción de actores y coreutas. Para colmo las representaciones no son buenas y no tienen mucho público.

P.: ¿Con qué propósito utilizó este recurso de «teatro dentro del teatro»?


R.S.:
El recurso nos ayudó a duplicar el conflicto. Las mujeres que hasta ese momento sólo podían estar en el coro deciden revelarse a través de la primera actriz, esposa del primer actor. A partir de ese momento, deciden tomar a su cargo cada vez más personajes.

P.: ¿Qué pasa con el fuerte contenido sexual de la obra?


R.S.:
Es un humor que por momentos se parece al de nuestro actual teatro de revistas. Pero Aristófanes utiliza el sexo para crear malentendidos y hablar de otra cosa, concretamente del poder y la corrupción. El sexo para él es una metáfora y para nosotros también. Pero hay gente que ante la aparición de lo explícito, se siente sumamente incómoda por más que las escenas hayan sido trabajadas con mucho humor.

Procacidad

P.: ¿Quiere decir que alivianó las escenas más procaces?

R.S.:
Hay escenas en las que el autor indica la aparición de ciertos personajes exhibiendo sus falos enhiestos. Bueno, yo creo que hemos trabajado muy bien esas escenas, mostrando los hechos progresivamente, primero a través del lenguaje y luego a través de la acción.

P.: ¿Cuál es su lectura de la obra?

R.S.: Para mí, Lisístrata, más que una mujer lúcida e inteligente es un estado de ánimo. Ese que nos falta a los argentinos para ponernos a hacer algo diferente y poder transformar en algo la realidad que nos tocó vivir. Hay textos de la obra, referidos a senadores y políticos de aquella época, tan actuales que la gente cree que los escribimos nosotros.

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