2 de septiembre 2008 - 00:00
Aruzzi: "A los 40 ya no se puede culpar a los padres"
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Jorgelina
Aruzzi: «No
me produce
conflicto estar
en la TV y en
el teatro
independiente.
Si no voy a
‘Bailando por
un sueño’ es
porque no
tengo el físico
requerido».
P.: ¿Cómo vive su popularidad?
J.A.: Por ahí me saludan la gente grande y los chicos, y el carnicero que me aconseja: «Vos tenés que ir a 'Bailando por sueño'».
P.: Usted ya trabajó en «El show de Videomatch» ¿No le genera conflicto la mezcla de Tinelli con el teatro independiente?
J.A.: No, para nada. Y no voy a «Bailando» por una simple razón, carezco de los atributos físicos que piden ellos.
P.: Tras su paso por la factoría Cris Morena, ahora necesita hablar de madres, niños y escuelas en el teatro. ¿No se sintió sapo de otro pozo dentro de ese mundo?
J.A.: En realidad lo pasé muy bien, yo siempre tuve un acercamiento especial con los chicos y además ahí me trataron como una estrella absoluta. Yo venía de trabajar en papeles secundarios o a lo sumo de coequiper (de Florencia Peña en «La niñera» y de Romina Yan en «Amor mío») y de pronto me vi absorbida por un protagónico que no me dejaba tiempo para nada. Trabajar con todos esos chicos fue divertido. Algunos todavía me llaman y ahora que el programa se está dando en Brasil, tengo nuevos fans que me escriben en portugués.
P.: ¿El tipo de humor de «La madre impalpable» es el mismo de «Doméstico» (una solterona que dialogaba con su perro mientras planchaba)?
J.A.: Sí, tiene ese tono que le permite a uno reírse y ser espectadorde la oscura tragedia que vive el personaje. El chiste es lo que viene a salvar tanto dolor.
P.: Las madres, en general, tienen fama de densas, no de «impalpables» ¿por qué utilizó ese término?
J.A.: Tiene que ver con la liviandad, con alguien que es tan inconsistente que se vuelve intangible. Esta es una madre sobreprotectora que va a una reuniónde padres a defender a su hijo porque le dicen « gordotetas». Ella, a su vez, fue alumna de ese mismo colegio y lleva sobre sus espaldas varios fantasmas. No quiere hacer con su hijo lo que su madre hizo con ella, por eso insiste en que el suyo juegue al fútbol, pero es un desastre. Entonces, por no repetir un error, termina cometiendo otro. Nadie puede ser una madre amorosa y equilibrada si a los cuarenta años todavía sigue echándole la culpa a sus padres de lo que una hace.
P.: ¿Qué papel juega la escuela en todo esto?
J.A.: Con Mario Marino llegamos a la conclusión de que todos fuimos educados sobre la base del rencor y de un profundo rechazo por las diferencias. En este caso, la escuela le cuestionaa la madre que su hijo sea obeso. También lo rechazaría si fuera boliviano, porque el ámbito educativo es un lugar de discriminación. Los chicos hoy tienen mucha información, usan celular, están todo el día en la computadora. pero la base de la mala educación para mí no pasa por ahí, sino por la ausencia de valores y el consumismo que le transmiten sus padres. En «Chiquititas» todos los chicos tenían celular. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero parece que las necesidades de la época nos llevan a que las cosas sean así.
P.: ¿La protagonista es una madre más bien tradicional?
J.A.: Preferí que no se sepa muy bien de qué época es. Ella habla de Internet, del celular, pero también tiene cosas de nuestras madres y abuelas. Es una mezcla.
Entrevista de Patricia Espinosa


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