Fundado en 1993 por su directora Florencia Steinhardt, ya el primer espectáculo de Caracachumba («Se me lengua la traba») recibió una mención en el II Festival Internacional de Títeres. Desde entonces, el grupo ha sido protagonista importante de la cartelera infantil porteña, es cofundador del MOMUSI (Movimiento de Música para niños), participó de muchos foros de educación musical, actuó en el exterior y ha recibido algunos otros premios. Pero, más allá de estos meritorios antecedentes, mirada con relación a lo que suelen ser en su gran mayoría los espectáculos dedicados a los chicos, esta nueva propuesta de Caracachumba es excelente.
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En «Me Río de la Plata» hay títeres muy bellos, instrumentos tradicionales y de los otros, un vestuario divertido y bien realizado, un guión -que, en realidad, se construye a partir de las canciones y de algunos momentos dramatizados-bien pensado, y mucho trabajo, que se refleja en una puesta ajustada.
Algunos cuadros («Zapatos», «La maga», «El ciempiés», «Tachitos», «La tapa de la olla», «Guitarra a cuatro manos», el trabalenguas de «Teresa, Chiche y Copete», varios del títere Roque, etc.) muestran, además, ideas inteligentes que ponen ritmo y cortan lo que, de otro modo, sería una sucesión menos entretenida de canciones.
Itatí Figueroa se luce en el manejo de los títeres, y todos los integrantes del elenco -muy especialmente, Fernando Gedacht- despliegan su histrionismo y seducen con él. Pero, curiosamente, tratándose de un espectáculo eminentemente musical por un grupo que ha trabajo en esta línea durante toda su historia, el punto más flaco está precisamente en la música. Ni las canciones, en su gran mayoría compuestas por los integrantes del grupo, ni su realización sonora -en las voces, los arreglos, los instrumentos-están a la altura del resto.
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