26 de septiembre 2001 - 00:00

Atractivo "Romeo y Julieta" de arrabal

Fernández y Peña.
Fernández y Peña.
«El romance del Romeo y la Julieta (un tango que Gardel nunca cantó)». Opera rantifusa de J. Tahier. Adaptación y dir. gral.: M. González Gil y R. Pires. Coreogr.: C. Pujal. Vest.: P. Uría. Ilum.: D. Bosio. Dir. mus.: F. Mizrahi. Int.: G. Fernández, F. Peña, L. Piro, A. Piro, C. Pisanú, L. Longhi y elenco. (Teatro Roma de Avellaneda, hasta fin de setiembre.)

Con poder de síntesis y sin perder los objetivos dramáticos fundamentales de la tragedia original de William Shakespeare, Julio Tahier creó una comedia musical sobre «Romeo y Julieta». El autor la llamó «Cantame un tango Romeo» y los actuales adaptadores y directores Manuel González Gil y Rubén Pires la rebautizaron «El romance del Romeo y la Julieta», marcando desde el título la nueva procedencia de los conocidos amantes de Verona.

El procedimiento utilizado por Tahier es similar a otras experiencias que tienen en «Gotán», de Tahier también, un paradigma eficaz. Con perspicacia, sentido del humor y un amplio conocimiento de la literatura tanguera, el recordado hombre de teatro, cambió los diálogos de Shakespeare, por una serie de fragmentos de tangos, milongas, valses criollos y otras especies musicales por el estilo, que cuentan la misma historia de los adolescentes enamorados y pertenecientes a familias enemigas.

Naturalmente los códigos dramáticos tradicionales sufren un vuelco y la obra comienza a transitar otros, más cercanos a lo que se conoce como comedia musical. La esencia del triunfo del amor más allá de la muerte y del odio persiste en esta nueva versión de la tragedia, aunque ahora ella hunde sus raíces en el arrabal porteño, con sus códigos propios y sus particularidades de lenguaje.

Manuel González Gil y Rubén Pires se suman y se potencian en esta nueva puesta de «Romance» manejando con imaginación y gran economía de recursos la puesta en escena. El espectáculo se abre y se cierra con una pareja de bailarines de tango que son emblema de la atmósfera que poseerá la narración. La ironía de las situaciones le otorgan a lo trágico una relectura de contenidos de modo que el todo parece menos grave, más acorde con la liviandad de un «musical» arrabalero traspasado por una poesía marginal.

Para la actual puesta se contó con una brillante dirección musical de Federico Mizrahi al frente de un pequeño ensamble y la participación de un conjunto muy eficaz de cantantes-actores como Guillermo Fernández, Ligia Piro, Alfredo Piro, Claudia Pisanú y Luis Longhi, todos excelentes cantando y de buenos recursos teatrales para el juego que propone Tahier. Florencia Peña hace el esfuerzo de ser Julieta y si bien no tiene demasiado candor, defiende el rol con nobleza. Un hallazgo, un puñado de «parcas» de clima almodovariano negociantes en cada una de las apariciones correspondientes a su labor poco feliz de acompañar las muertes sucesivas, pero que ellas hacen gozosa a fuerza de talento.

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