17 de abril 2003 - 00:00

Atrae film que va de lágrimas a sonrisas

«Betty Fisher y otras historias» (Betty Fisher et autres histoires, Francia, 2001, habl. en francés). Guión y dir.: C. Miller, sobre textos de R. Rendell. Int.: S. Kiberlain, N. Garcia, M. Seigner, L. Mervil, E. Baer.

E scritora exitosa y mujer frustrada, la frágil Betty Fisher pierde a su pequeño hijo en un accidente hogareño. La agonía del chico es larga, y aún más larga la depresión de la madre. Pero el pibe tenía una abuela medio frívola («no pedí ser abuela») que para sacar a la otra de la depresión no se le ocurre nada mejor que robarse un chico pobre y llevarlo de reemplazo al hogar. Total todos los niños son iguales, y ella no había avisado de la desgracia ni a los vecinos («¿para qué molestar a la gente?» es otra de sus boutades).

A partir de ahí, el drama va abriéndose paulatinamente a la sonrisa, pero no tanto a medida que la protagonista y la nueva criatura empiezan trabajosamente a relacionarse, sino a medida que el relato entremezcla nuevos personajes, como la madre verdadera, su novio, sus galanes, la policía, otra vieja como la anterior pero con menos estilo, etcétera. Cada uno con su historia, y casi todos «ventajitas», desde el marido de la escritora, que vuelve atraído por la plata (profesión: crítico literario), hasta un falsificador que vende la maison de la mujer que lo mantiene.

En suma, los únicos más o menos decentes del film son Betty, el chiquito, y un par de negros. Y como nos caen simpáticos, finalmente caerán bien parados. El resto tendrá su merecido, como suele ocurrir en las películas, y más raramente en la vida real. Eso es todo. Producción menor, pero llevadera, de Claude Miller, se ve con gusto, aunque acaso esperaban algo más sus seguidores, y los de Ruth Rendell, en cuyos textos se inspira. Atención a Nicole Garcia en el papel de madre, mejor que Lauren Bacall en una versión anterior, menos entretenida, que suelen dar por cable. Atención también a los rusos que componen el guionista Pascal Bonitzer, reciente jurado en el festival marplatense, y Consuelo de Haviland, digna hija de la venerable Olivia (una salida de la rusa, para recordar ahora que vienen los fríos: «¿Visón? Jamás. Esto es zorro azul»).

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