29 de mayo 2003 - 00:00

Audaz jugada de Lecchi

Audaz jugada de Lecchi
«El juego de Arcibel» (Argentina-España, 2003, habl. en español). Dir.: A. Lecchi. Guión: D. García Molt, A. Lecchi. Int.: D. Grandinetti, D. Torres, R. Cobos, J. Echanove, J. Diego, V. Cruz, G. Rovito.


A esta altura del partido, ya con siete películas en su haber, Alberto Lecchi se probó en una jugada a varios niveles: una producción a mayor escala (elenco de cuatro países, rodaje y post-producción en tres, creación de uno más, con su historia y geografía), una expansión lúdica a la orden del día (junto al film aparecen el videogame, el diario oficial del país imaginario, con avisos clasificados y todo, y pronto saldrá también la novela), y, sobre todo, un relato interesante, que entretiene y deja pensando.

Quizá debió apretarlo un poco más, ya que no entretiene al modo acelerado de las megaproducciones, sino al modo que corresponde a su personaje: un tranquilo periodista experto en ajedrez, horóscopos y crucigramas. Y que encima, cuando cae preso por error de los burócratas de una dictadura, se entretiene haciendo meditación de cara a una pared. Nada heroico ni dinámico, por cierto, así que el publico ansioso deberá esperar hasta la segunda mitad, cuando le pongan de compañero de celda a un muchacho marginal, turbulento y Son buenos los trabajos de Darío Grandinetti y Diego Torres (aquí junto al español Juan Echanove) en "El juego de Arcibel", madura fábula de Alberto Lecchi no apta para ansiosos ni amantes de los lugares comunes. ansioso. Con el tiempo, el muchacho escapará y transportará a la realidad un juego de guerra que el hombre había creado sólo como pasatiempo. ¿O ya tenía otra intención al enseñárselo?
Ahora el otro está jaqueando al gobierno, y sólo él podría detenerlo. Si no lo hace, su hija puede morir.

Fábula madura, se convierte en otra parábola de la resistencia de los débiles (un tema clásico del cine de Lecchi), pero también, al mismo tiempo que elude varios lugares comunes previsibles, se vuelve una interesante reflexión sobre los cambios ideológicos de estos últimos años. El film empieza en los '60, y llega hasta el cercano presente. Entre medio, y en medio de variadas bromas, los presos ven caer las utopías antes que las rejas, pasan de políticos a comunes, se amoldan a otros hábitos. Y, aguda vuelta de tuerca, en la épica escena final, cuando va al rescate del hombre sabio al que tanto le debe, el pueblo se equivoca.

De hecho, la jugada es riesgosa. A la mayoría le gustan los lugares comunes y la épica de final plenamente feliz. Pero Lecchi, honrado consigo mismo, no vive en los '60, ni en Hollywood. Ese es un detalle a tener en cuenta, si se quiere entrar en el partido. También a tener en cuenta, son los trabajos del coguionista Daniel García Molt, los maquilladores, y los intérpretes, sobre todo Darío Grandinetti, Rebeca Cobos, de tan intensa mirada, Vladimir Cruz, el de «Fresa y chocolate», ahora como un derecho guardiacárcel, y Diego Torres, que ha crecido como actor y no necesita llamar más a la guardia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar