Orquesta La Selección. L. Federico, E. Baffa, R. Mederos, W. Ríos ( bandoneón, dirección), Nicolás Ledesma (piano, dirección), M. Marcelli (violín, dirección),. P. Mainetti (bandoneón), M.Abramovich, E. Walczack, M.A. Bertero, D. Bolotín (violines), M. Fiocca, R. Jurado (violas), D. Sánchez (cello), H. Cabarcos (contrabajo). Invitado: A. de la Vega (guitarra). (C.C. Torquato Tasso; 3 y 4/6; repite, 10 y 11/6.)
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Igual que un grupo de ex compañeros de la escuela secundaria que se juntan después de muchos años de egresados, muchos de los integrantes de este «Seleccionado» de músicos de tango ya no tienen la vitalidad de antaño, y hace tiempo que cada uno ha tomado distintos caminos. Sin embargo, el reencuentro los alegra tanto que no les importa mucho más que divertirse y volver a vivir por un rato viejos buenos tiempos. Así, con un espíritu que tiene mucho de estudiantina, se concretó esta Selección que reúne a muchas de las mayores glorias vivientes del tango. Se armó una orquesta típica ampliada -con cinco violines, dos violas, cello y, por momentos, una fila de cinco bandoneones- con músicos de distintas generaciones pero con la base en nombres ilustres, a los que en los próximos conciertos se sumarán Julio Pane, Osvaldo Piro y Pablo Agri. Se le dio a Ernesto Baffa, Rodolfo Mederos, Nicolás Ledesma, Mauricio Marcelli y el gran Leopoldo Federico la responsabilidad de arreglar y dirigir alternativamente al grupo. De esa manera, hubo sonidos más troileanos (en «Chiqué» y «B.B.» por Baffa), más cercanos a Salgán y Piazzolla («Tierrita» y «Sueño de tango» por Ledesma), o a Pugliese («Diciembre en Buenos Aires» y «Gallo ciego» por Marcelli), más personales («Abran cancha» y «La alegría de encontrarte» por Mederos), más clásicos ( «El abrojito» y una selección de temas muy conocidos por Federico). El resultado, en este caso, estuvo por debajo de la expectativa; o, dicho de otro modo, el conjunto fue algo menos que la suma de las partes. Se trata sin duda de un seleccionado de grandes músicos. Pero muchos de los ya veteranos están un poco fuera de estado, y además faltaron ensayos para constituir un conjunto homogéneo. La emoción de los músicos y del público, sin embargo, pasaron por alto estos inconvenientes, y pese a todo, se pudo escuchar muchas veces el talento de quienes verdaderamente saben y conocen el tango. Hubo solos brillantes en los violines de Miguel Angel Bertero y Damián Bolotín y en el bandoneón de Walter Ríos; un logrado trabajo de arreglo en las orquestaciones de Mederos -con el agregado de una guitarra eléctrica- y Ledesma; atracti vos juegos entre músicos, y un cierre magistral con todos dirigidos por Leopoldo Federico; en rigor, el único que pudo ponerse a al frente de estos solistas y convertirlos en un organismo orquestal con todas las letras.
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