Rubén Stella dijo ayer que espera que el Festival de Mar del Plata, que comienza hoy, se convierta en «la cereza del postre de un año vital para el cine argentino». No es la primera vez que un funcionario de Cultura, para referirse a la muchas veces accidentada muestra, emplea esa metáfora frutícola.
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Recuperado por Julio Mahárbiz en 1996, el Festival de Mar del Plata se soñó ese año a la altura de Cannes, Venecia y Berlín, mientras se invitó a una extensa delegación de estrellas en su ocaso y los fuegos artificiales estallaban sobre ellas. Se insistía en la «Categoría A» que le había otorgado la Federación Internacional de Festivales de Cine, aunque, tal vez por prudencia o desconfianza, Mar del Plata nunca llegó a figurar en la agenda clase A de este tipo de manifestaciones.
Los cambios políticos, los odios internos, los sucesivos ocupantes del sillón del Instituto y la dirección del Festival y, desde luego, el mazazo brutal de diciembre de 2001, con default y devaluación, lo terminaron reacomodando a la realidad.
El sueño terminó: hoy Mar del Plata se alinea, más realista, con los festivales de La Habana o Gramado, y los discursos se adecuan a esa nueva filosofía: «Es un festival de cine dirigido, por primera vez en su historia, a la región, con un claro destino de festival del Mercosur», dijo también ayer Stella, para agregar que la muestra se abre con la película brasileña «Ciudad de Dios» (para lo cual hubo que modificar el título originalmente elegido como apertura, la norteamericana «Posesión», con Gwyneth Paltrow, de la Warner Bros).
De todas formas, y aun con el poco glamour o la insuficiente «cinefilia» con la que tanto gozan algunos en el festival municipal del Hoyts Abasto, es bueno que Mar del Plata siga haciéndose. Decentraliza las exhibiciones, le permite al público marplatense, a estudiantes y jubilados, diez días de proyecciones variadas y baratas (lo del «boom» turístico durante el Festival es otra fantasía, por supuesto), y sobre todo mantiene la tradición en un país muy poco proclive a hacerlo.
No son tiempos de rutilancia y vaya a saberse por cuánto más seguirá siendo así. Sin ir más lejos, la partida del «tren de las estrellas» desde Constitución se produce en días en los que hasta resulta peligroso acercarse a esa estación ferroviaria por la alta inseguridad. Allí se arriesgarán hoy, a las 10, el mismo Stella, el titular del INCAA Jorge Coscia, su segundo Jorge Alvarez, y una delegación que incluye a Mimí Ardú, Noemí Frenkel, Daniel Miglioranza, Alejandro Awada, Boy Olmi, Carola Reyna, Andrea Bonelli, Virginia Innocenti, Jean Pierre Noher, Julieta Cardinali, Mex Urtizberea, Rita Terranova, Duilio Marzio, Ethel y Gogó Rojo, Edgardo Nieva, Silvana Roth, Marcela López Rey, María Aurelia Bisutti y Victoria Carreras, entre otros.
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