11 de septiembre 2001 - 00:00

Aún rinde el estilo Guarany

El Chaqueño Palavecino
El Chaqueño Palavecino
Presentación de «La ley y la trampa». Actuación del Chaqueño Palavecino (voz, guitarra). Con O. Bazán (guitarra, violín), O. Lazarte (guitarra), J. Alzogarayt (bandoneón), L. Toledo (bombo), M. Foldarás (bajo), D. Villa (violín). e invitados. (Luna Park, 8 y 9 de setiembre.)

Al Chaqueño Palavecino le gusta reconocerse como heredero de Horacio Guarany, aunque le aconseje desde el escenario, medio en broma y medio en serio: «Usted ya jugó 50 años en primera; déjenos ahora a nosotros». Los paralelos con Guarany son muchos y evidentes. Su repertorio -salvo excepciones-no alcanza el vuelo de su «maestro» en tiempos gloriosos. En cambio, con su voz potente y afinada, es mucho mejor cantor.

Como sucede con el «Potro», todo suena fuerte y rápido, al estilo de los festivales folklóricos del verano, sin sutilezas ni medias tintas. Y queda muy claro que ambos ocupan el mismo «nicho» de mercado. El «Chaqueño» -llamado así porque es oriundo del Chaco salteño-representa en la actualidad al folklore más tradicional y conservador, el que levanta a la multitud en Cosquín, el de las palmitas, el de la alegría y la fiesta. Y el público -que, como en el encuentro cordobés-le hace llegar sus mensajes a través de carteles repartidos en la platea y el pullman, le agradece su entrega, su caballerosidad provinciana, su respeto por las tradiciones, sus frases nacionalistas. Como lo importante no es el mensaje -y ni siquiera la forma-, sino la potencia con la que se lo emite, su grupo acompañante no toca arreglos, sino superposiciones de líneas melódicas y de encadenamientos armónicos; y las voces de sus compañeros se suman en movimientos paralelos sin ninguna otra pretensión. La ecuación es sencilla: si una voz o un pequeño grupo puede sonar fuerte, mucho más podrá sonar esa misma formación si se duplican sus integrantes. En medio de esa fiesta en la que nadie busca otra cosa, hubo varios invitados traídos por Palavecino desde distintos lugares del país; todos con la misma idea de sumar lo parecido y no de incentivar la curiosidad por lo distinto. Así, desfilaron un tenor que compartió zamba y gato, y se despachó con «O sole mio» un pequeño acordeonista prodigio, un cantante cordobés de estilo acaramelado, un cantor de coplas, bailarines de tango y folklore y muchos músicos. Con todo eso, cuando la recesión ataca también muy duramente al negocio del espectáculo, el «Chaqueño» superó las 10.000 personas en dos Luna Park, vende sus discos en cantidad y entretiene con honestidad a mucha gente.

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