18 de octubre 2002 - 00:00

Aunque breve, gusto show de los Red Hot

Actuación de Red Hot Chili Peppers. Con Anthony Kiedis (voz), Michael «Flea» Balzari (bajo), Chad Smith (batería) Y John Frusciante (guitarra). (Estadio River, 16 de octubre).

U
na mirada retrospectiva sobre la historia de Red Hot Chili Peppers en Argentina muestra un sorprendente crecimiento. Desde aquel primer Obras de 1993 hasta este River repleto, pasando por el Luna Park en 1999 y las 35.000 personas de Vélez en enero del año pasado, marcan un notable aumento en la convocatoria, que se hizo más fuerte a partir de su segunda época y de la edición del muy buen disco «Californication» de 1999.

Y mucho ha contribuido también la canción «Love Rollercoaster» que grabaron para la serie de animación «Beavis and Butthead». Pero no podría analizarse esta abultada concurrencia del estadio de Núñez -unas 65.000 personas en una noche ideal para escuchar un recital-sin detenerse en dos aspectos: los precios de las entradas fueron bajos, entre $ 36 y $ 15, en relación a los de un año atrás, y mucho menores, también, que los que se cobraron en Chile y en Brasil. Los artistas resignaron parte de su cachet normal para agregar la sede argentina a su gira sudamericana.

Pero además, es tal la escasez de visitas internacionales, que los jóvenes deseosos de escuchar rock and roll en vivo aprovechan cualquier ocasión para hacerlo, aunque el grupo no sea el primero en la lista de sus preferencias. Quizá por eso, muchos de los que estuvieron en el estadio debieron conformarse con saltar o hacer palmas sin corear ante el desconocimiento de la mayoría de las canciones, sobre todo las correspondientes al más reciente álbum «By the Way».

•Repertorio


Hubo entonces fiesta en River. Con una banda que armó el repertorio a partir de sus dos últimos discos, «Californication» y «By the Way», a lo que se sumó alguna canción de «Blood Sugar Sex Magik» y un par de clásicos, «Give it Away» y «Under the Bridge».

Baladas y rock and roll, funk y pop, melodías dulces y potentes descargas de batería, sonaron impecablemente, aunque el escenario muy bajo y la pobreza de las pantallas de video no permitieron ver de la mejor manera a quienes estuvieron en el campo de juego. Fue un show corto, algo menos de una hora y media, con un Kiedis que desplegó su conocido histrionismo, con la potencia del bajo de Flea, con la sólida base de Smith y con los solos de guitarra de Fruscia nte.

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