5 de julio 2001 - 00:00

Aunque despareja, gustará a subielistas

Escena del film.
Escena del film.
«El lado oscuro del corazón II». (Argentina-España, 2001, habl. en español.) Guión y Dir.: E. Subiela. Int.: D. Grandinetti, A. Gil, S. Ballesteros, N. Guevara, C. Peleritti, M. Bandera, S. Ramos.

El poeta Oliverio pierde el pelo, pero no las mañas: aún sigue levantando mujeres con el mismo verso y después las baja con la cama pirañera. Sólo que ahora, junto a su eterna seguidora, la Muerte, también entra a tallar el Tiempo, en la figura de un motociclista sin rostro, y el poeta empieza a mirar, también, el fondo de la cama.

Habrá allá tantos recuerdos... El mejor lo lleva hasta la única mujer que lo hizo volar. Claro que, como decía otro poeta: «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». ¿Qué pasará, pues? Hay una ley de gravedad horizontal, razona. Somos atraídos por el tiempo hacia adelante. Y éste promociona una sola marca de calzados: One Way. Pero descalzo, sobre la cuerda floja, quizá nuestro hombre pueda alcanzar un nuevo amor. Y hasta cambiar su vida. i

Obra despareja, la primera mitad es sinceramente muy buena, un regocijo en sus momentos eróticos tanto como en los de trasfondo dramático.

La segunda, en cambio, de tono romántico, se alarga sin necesidad. ¿Cómo decirlo de un modo elegante? Bueno, considerando que esta película mezcla romanticismo y vulgaridades, digámoslo de un modo vulgar. Mientras el problema de otros tipos es la eyaculación precoz, Eliseo Subiela no acaba nunca. Seduce en forma inmediata a su platea, la hace sentir bien, la hace gozar, pero después sigue, y la otra lo acompaña un poco, por agradecimiento y cordialidad, pero el clímax ha pasado hace rato.

Hecha esta advertencia (quizás inútil, ya que es una película hecha especialmente para subielistas, que saben de qué se trata, y con ellos cumple debidamente), y advirtiendo, además, cierta ligereza y conformismo en la resolución, corresponde anotar lo mejor del film. Es decir, la capacidad de riesgo y el ingenio del autor, ajeno al naturalismo de moda, la calidad de producción y, sobre todo, las actuaciones de Darío Grandinetti y Sandra Ballesteros, que ha crecido mucho como actriz, y la selección de versos. Difícil resistir eso de «¿irías a ser muda, que Dios te dio esos ojos?», «sin ti, el sol cae como un muerto abandonado», «y ese beso que hincha la proa de tus labios», y tantos otros aciertos de la lengua, bien recopilados, bien aplicados y muy bien recitados.

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